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YS

Se presentan ocasiones en la vida ―pocas— en las que se es consciente, en el mismo momento en que ocurren, de que algo especial está sucediendo que no sabría explicarse a ciencia cierta. Obviamente, ello suele tener lugar durante una experiencia connatural, o bien ante la mera contemplación de algo o alguien naturales. Es decir, cuando uno se topa consigo mismo y se siente fluir sereno —pero colmado y pleno— porque se encuentra allí donde de repente comprueba que deseaba (0h desire) sencillamente estar. A veces nos pasa concentrados en una actividad con cuya simple realización disfrutamos y otras al observar un elemento de la naturaleza que, como decíamos, se nos aparece significativamente bello por parecernos natural, y así lo creemos por cuanto despierta nuestra propia naturaleza latente, la que subyace bajo las capas de confusión e impostura cotidianas. Pero ahí y AHORA todo se nos antoja espontáneo, pues de súbito así nos sentimos experimentando en tal belleza la de nuestro interior. Por ejemplo, esto acontece al reconocernos tal cual en el fondo somos con la presencia de una mujer que supura belleza desde su interior, en su forma de ser y en su manera de pensar; y esa belleza no es sino la autenticidad de lo natural en la que uno se ve connaturalmente reflejado. También puede ocurrir cuando estamos ―somos— escuchando una música que emana de lo más profundo del corazón de la persona que la está ―es— creando. Pocas, muy pocas, poquísimas veces vivimos ―revivimos— la dicha de una experiencia en la que lo ajeno nos recuerda cuán nuestro es y cuán suyo somos nosotros. Pues bien, al menos para quien esto escribe una de esas ocasiones especiales en las que todo fluye, cual con esa mujer o música señeros, es en presencia de la música de una mujer tan singular como Joanna Newsom y su —cabría decir que— increíble disco Ys.

Se trata de uno de los discos más sorprendentes que a buen seguro se hayan concebido en lustros, ya sea por su variedad melódica, por su laboriosidad instrumental, por la longevidad de sus escasas canciones, por su alambicado lenguaje, o incluso por la manera en que todo ello se conjuga y expresa, evocando un espacio que parece situarse más en un cuento que en la realidad misma, remitiendo no obstante a ésta constantemente. Y ahí radica sin duda una de sus cualidades, pues Ys es una obra de arte absolutamente madura, aunque concebida por una mujer muy joven, que además la adorna de un imaginario infantil y la canta con su voz, que parece la de una niña. Por eso desconcierta a primera escucha y a unos cuantos les resultará cursi. Sin embargo, la cursilería como actitud sabemos que es siempre afectada por impostada; luego es superficial y connota en quien la manifiesta simpleza por no atreverse a mostrar de sí mismo aquello no tan agradable que también lleva en su seno y que con tal conducta alimenta aún más. Desde luego, nada que ver con la complejidad de un mundo tan elaborado y sinceramente expuesto como el de Joanna Newsom en su música, pues usa de manera sistemática imágenes de la naturaleza, en apariencia pueriles e inconscientes, para sugerir mediante ellos toda una serie de sentimientos y estados de ánimo de los que sólo un adulto puede ser plenamente consciente. Y esto es algo que cualquier oído sensible debería detectar. No lo detectarán quienes confunden ternura con cursilería. Hay aspectos de la vida que, de un modo u otro, siempre están presentes: la violencia o la ternura son dos de ellos. Y lo que sí demuestra ser infantil ―además de cruel y vulgar— es la negación, caricaturización o ridiculización de la ternura, elemento sin el que una vida sana sería imposible para cualquier ser humano, y que la feminidad expresa con una naturalidad verdaderamente pedagógica para el universo masculino, que tiende de hecho a reflotarla con más facilidad precisamente en presencia de cualquier mujer que concierte lo tierno. Joanna Newsom exprime su corazón a borbotones para deleite del avezado oyente, pues lo hace de corazón a corazón y con tal apasionamiento que con su música podemos rescatar pinceladas de nuestra bondad, anclada en medio del marasmo de la rutina. Gracias por la magia y el hechizo de tal invocación.

Acompañada en todo momento de su arpa y envuelta por la orquestación musical del orfebre Van Dyke Parks, este monumental disco comienza con una canción sabemos que dedicada a su hermana Emily, quien además participa en los coros. Joanna parece rememorar los tiempos en que ambas, desde su ventana (called up to you and me, in our window), eran invocadas por la libre expedición (a flying spree) de alondras y gorriones hacia tierras faraónicas, mientras el sol manaba durante la noche vino sobre los huesos de los abedules (sun pouring wine into the bones of the birches) y cada cosa se derramaba como arrastrada por una soga. La naturaleza, en definitiva, bullía en su desordenado orden y ellas podían contemplarlo ―imaginarlo— todo desde su ventana: veían arrodillarse las montañas (those mountains kneeling) e incluso pensaban que sus propios corazones se elevarían y derretirían (would up and melt away) en la nieve, yéndose, dejándose ir simplemente (just going). Joanna parece expresar la nostalgia por aquellos momentos en que la compañía de su hermana envolvía su sentimiento de armonía con la naturaleza, que no sólo se presentaba ante ella tal cual era sino tal como podía imaginarla al combinar sus variados elementos en una dispar conjugación que venía a reflejar el flujo de su universo interior (and going). Y el coraje (your bravery) de Emily en todo momento protegía a Joanna, mientras se sentaban junto al agua y le mostraba quiénes eran las estrellas (the names of the stars) con la promesa de que todo ello sería transcrito en verso algún día (I´d promised you I´d set them to verse so I´d always remember). Ahora comprende Joanna, transcurrido el tiempo, que la presencia de Emily cuando miraban desde su ventana suponía un apósito para su herida interior, para el desbordado desorden de su imaginación apasionada, como la compresa que sorbía la inminencia de la menstruación hacia la realidad adulta (you came and lay a cold compress upon the mess I´m in). En efecto, ahora comprende que entonces se limitaban a ser y clama la ayuda que le permita regresar a ese paraíso perdido (helps me find my way back in from the place where I have been). Ahora, que las líneas del dibujo de su imaginario reino van destiñéndose (the lines are fadin´ in my kingdom) y las preocupaciones la atenazan en el desnaturalizado e irrespirable murmullo cotidiano de la ciudad (the talk in town´s becoming downright sickening). Y es ahora cuando necesita seguir a su valiente hermana (and I will follow you there) para abandonar sus problemas en la libertad de la bahía (in the lee of the bay) y así, de repente, dejarse ir de nuevo sanamente (gone healthy all of a sudden). El correlato del dolor interior (all my bones are dolorous with vines) se expresa en todo momento como la declinación exterior de la naturaleza, en unos tiempos donde la divinidad parece ausente (ungodly hours). Pero Emily tiene la capacidad de liderar (your lead) el regreso hacia el cielo que nos abarca con su abrazo, pues observa los asterismos cuya contemplación reordena el corazón (just asterisms in the stars set order). La ruidosa angustia se disuelve mientras cede paso al silencio en el que se contemplan (starin) las estrellas. Verdaderamente, podríamos permanecer así indefinidamente porque parece que el tiempo se suspende (we could stand for a century) en la eternidad de un instante. Es entonces cuando se enmudece (dumbstruck) de alegría (joy) al sentir la sencilla dulzura de la existencia (the sweetness of being), y cuando la contemplación de lo que está siendo nos permite dejar de ser (till we don´t be), una experiencia que nos recarga y alimenta (eat this). Pues el meteorito que vemos pasar al mirar las estrellas sólo se limita a ser una fuente de luz que percibimos ―que no interpretemos— tal cual es (how it´s perceived), y transita desde el vacío del espacio exterior (from the void) en el que por una dinámica inercia se engendran las formas, surcando el cielo en silencio como una ofrenda a la vida y, con ello, a vos (in offering to thee), Emily, que nos muestras el valor de aprender a mirar las estrellas.

Después de la seriedad del amor fraternal, Newsom nos presenta la canción del mono y la osa (Monkey and Bear), con estructura de cuento musical, y en la que la comicidad se convierte a través del personaje de la osa en un motivo conductor, si bien con los ingredientes dramáticos y sentimentales que se esparcen y proliferan durante todo el disco. En cualquier manera, todo comienza mientras el mono y la osa yacen sesteando en su cotidianidad domesticada y, de súbito, irrumpen en estampida los caballos, pues han escapado del establo (the horses got loose, got grass-sick!). En consecuencia, los hombres los buscarán para matarlos (they´ll founder, they´ll die), pero dejan una puerta abierta que le hace plantearse (my plan) al mono la posibilidad de escapar, de huir hacia la libertad que les proporcionará sabiduría (but listened to that high-fence, horse-sense, wisdom…). Esta canción parece tan sólo un cuento inocuo, pero en ella podemos atisbar los temas más representativos de la visión que Joanna Newsom tiene de la realidad: el vallado como tecnología de la civilización humana cuyo estilo de vida reprime los instintos naturales y la necesidad que tienen tales instintos de liberarse y escapar hacia un lugar salvaje en el que puedan manifestarse sin coerciones y en el que los sentimientos broten alegremente. Y por eso el mono desea escapar con su esposa (my bride) Ursala, la osa por la cual se siente henchido de amor (my heart is a furnace full of love that´s just, and earnest now). Es decir, la libertad de la naturaleza despierta y fomenta la expresión de la ternura y el amor. Luego conviene DESAPRENDER la domesticación que la civilización supone (you know that we must unlearn this) para encontrar un lugar en el que se pueda dar sentido a la vida y, con ello, arrostrar la muerte (Darling, there´s a place for us, can we go before I turn to dust). El mono y la osa acometen su aventura, aunque en un momento dado paran para reponer fuerzas tomando el té, mientras los mirlos aplauden el silbo de la tetera que la orquesta reproduce mediante sus cuerdas, ya que es habitual en la música de Newsom que intente conferir un correlato acústico con su arpa a los elementos de la naturaleza, como la corriente del río o el crepitar del fuego. Un delicioso motivo que se repite durante la canción es el del mono expresándole su amor a la osa mientras le pide que baile en ofrenda a tal (dance, Darling, and I love you still). Lo gracioso es que durante la noche la osa se escabulle y el mono debe buscarla; la encuentra chapoteando en el agua, ensuciado su pelaje de salmuera, pescando pececillos con gestos divertidos, disfrutando del momento lejos de ataduras (far out by now). Y cuando el mono contempla la escena, sólo puede reírse (but monkey just laughed), pues comprende que la osa es como es y vive integrada al medio, en abrazo con él, dejando de ser ella misma (when bear left beat) al vaciarse en su actividad. El mono sabe entonces que su plan se ha completado.

Como vamos comprobando, la nostalgia es otro de los lugares comunes de la música de Joanna Newsom, la añoranza sin duda de una realidad vívida en la que los sentidos puedan pulular sin limitaciones y en comunión con la naturaleza. Pero en las tres últimas canciones del disco esa nostalgia se tiñe de la ausencia del ser amado y la muerte se convierte en su desencadenante de manera más o menos explícita. La primera de las tres es «Sawdust and Diamonds» y se trata de la única canción de todo el disco en la que Newsom prescinde de la orquesta para hacerse acompañar sólo de su arpa. Una endecha que empieza donde termina: en lo alto del tramo de las anchas y blancas escaleras, autopista hacia el cielo, en el que ella desea que él la espere por el resto de su vida (do you wait for me there?) hasta más allá de la muerte (forevermore). Y por él doblan las campanas, y ella siente el tañido de la campana en sus oídos (a bell in my ears) y el estruendo de su caída desde esas escaleras para siempre jamás. La campana cae del muelle al mar y se ahoga quedamente como una piedra (sounding mutiny). Obviamente, la campana simboliza el momento de la muerte del amado, y mientras aquélla se ahoga el arpa emula la oscilación del agua del mar. Parece que así desapareció el alquimista que infundió en ella la sensación de que una luz podía emanar de sus blancas alas de paloma (the little white dove) con su sola presencia. Newsom describe la unión de ambos con una bellísima imagen erótica: los codos y rodillas se doblan y nos emparejamos en una elevación sin fin que admira a la audiencia (we couple in endless increase as the audience admires). Consumado el amor, el deseo se apacigua (settle down my desire), pero la premonición de algún acontecimiento terrible (terrible tremor) se le aparece a ella en sueños. El paisaje onírico incorpora a modo de presagio altas dosis de violencia, mezcladas con la ternura inherente a la consumación amorosa. El comportamiento del amado durante el acto sexual se refleja con agresividad: la penetración se describe como una incisión (your first incisión) practicada con una estaca asesina (a murdering stake) que la rebana hasta su mismo centro (and cleft me right down through my center), mientras ella suplica a la par que trina de placer como un gorrión (makes me warble and rise like a sparrow) en un momento casi insoportable de desgarro amoroso (and in a moment of almost-unbereable vision). Y entonces la desvirgada paloma arrulla enamorada (cooed the dove) mientras siente como la rellenan de serrín y diamantes (who was stuffed with sawdust and diamonds); señalemos cómo se juega con la polisemia del verbo stuff, que remite a la inseminación sexual ―rellenar— y a la culminación del amor como instante imperecedero ―disecar— tras el cual comienza la declinación hacia la muerte: una preciosa metáfora empleada nada casualmente por Newsom para intitular la canción, pues en ella se expresa la paradoja en que se resuelve siempre el momento más crucial de toda vida, cuando se experimenta la culminación del amor como presagio de muerte y como circunstancia en la que el placer ―diamantes— y el dolor —serrín— se compenetran en un punto de inflexión sin opción de retorno. Esto es feminidad autoconsciente en estado puro, que siente que se resiente porque no puede dejar de sentir lo que deja escapar porque sólo puede dejarse ir, y aunque se vaya se queda y arraiga y permanece con intensidad quedamente, como únicamente una mujer sabe que se siente. ¿Quién dijo cursi? Algún inconsciente… Y en ese instante en que, como decíamos, parece que se diseca el tiempo que no obstante nunca se puede apresar, el campanario sagrado hierve desde lo más alto del cielo (and the holiest belfry burns sky-high), pues el abismo del orgasmo en el placer del dolor con que el consumar del amor nos inunda de fervor al impregnar alrededor todo de clamor, llega incluso a neutralizar con la incandescencia de su vitalidad flamígera las mórbidas campanas que con su guadaña nos aguardan. Amén… Pero ella oye un ruido en el casco del barco que habrá de hundirse, mientras se añade al arpa el punteo de una guitarra, y la maldita campana (the damnable bell) marca la hora de la muerte del amado entre el murmullo de las olas, aunque estaría dispuesta a tragarse la tristeza de él (swallow yor sadness) y a comerse la arcilla de su ya pálida piel (eat yor cold clay), hasta llevarse ―aunque parezca una locura— la preciosa cara larga de su amado a la tumba (I will take to the grave your precios longface). Y es que el vigor del amor con que la paloma arrulla le impele de tal manera intrepidez que, a pesar de su fragilidad, todavía lo hubiera devuelto a la orilla (I would have walked you to the very edge of the water) de haber podido. Y ahora que el castillo de arena de ambos fue arrastrado por el farfullar de la corriente (what was yours and mine, appears to be a sandcastle that the gibbering wave takes) y que hubieran merecido que la luz de su unión se reprodujese en el tiempo (we deserve to know light and grow evermore lighter and lighter), pues las líneas del rostro del amado habrán de repetirse por generaciones (the lines of your face in the face of the daughter of the daughter of my daughter), ahora empero el deseo de ella (oh DESIRE) quedará por el resto de su vida atenazado e insatisfecho, preguntándose si él la esperará, como el fantasma a la señora Muir, en lo más alto de aquella escalera celestial (Do you wait for me there?), anclada en vida ya siempre a la expectativa del anhelo, condolido por la esperanza de recuperar lo perdido.

La siguiente canción, «Only Skin», representa de manera incuestionable el paradigma de la expresión musical de Joanna Newsom. Más que una canción, bien parece una yuxtaposición de melodías integradas en una sorprendente y abigarrada unidad. Su ampulosidad tanto interpretativa como textual bien podría desmotivar la curiosidad del oyente, pues evidencia el exceso emocional con el que la norteamericana derrama su talento a borbotones. A quien escribe, en cambio, le parece su mejor canción, aunque inabarcable, y con algunos de los más sublimes momentos que recuerda haber escuchado nunca. Posee abundantes reminiscencias temáticas de la canción anterior y, en ella, la combinación de imágenes referidas a elementos, acontecimientos y animales de la naturaleza, con sugerencias a sensaciones, miedos y sentimientos amorosos o evocadores adquiere verdaderos visos de febril genialidad. «Only Skin» daría por sí sola para una reseña individual. Mencionaremos cuanto más ―en menos— podamos. Todo comienza con un estruendo (booming) de aviones mugiendo cual ballenas y una caballería de caracoles cuyo refugio apenas resulta visible, mientras que el cielo es sólo un pancito mojado en un tazón (sky was a bread roll, soaking in a milk-bowl) que llueve rompiéndose en forma de ladrillos de húmedo humo que caen, así hasta que el corazón despierta y empieza a hablar. Sirva este fragmento de ejemplo de lo que el mundo interior de esta singular mujer puede dar de sí en su música y, más concretamente, durante toda esta macrocéfala canción. Sea como fuere, en medio la maraña de ensoñaciones, símbolos y sinestesias que se concilian durante todo el tema, sí podemos distinguir de nuevo motivos tales como el escapismo, la nostalgia y la muerte, así como una relación de amor, plasmada mediante pasajes de una enorme belleza. Ese amor aparece siempre simbolizado por el fuego (fire moves away) y el frenesí de la pasión se expresa con metáforas arrolladoras (this heat-frenzy coiling flush along the muscles beneath) y, como en la anterior canción, el éxtasis amoroso remite a la presencia de la muerte (you caught some small death when you were sleepwalking) por cuanto supone el instante de mayor intensidad vital. La ciudad vuelve a presentarse como un páramo emocional (the cities we passed were a flickering wasteland), esa tierra baldía que la civilización engendró a costa de reprimir sus más profundos instintos, si bien resulta inofensiva, neutralizada por la protectora presencia del ser amado (but his hand in my hand made them hale and harmless) mientras las tierras bajas ―que no baldías— volverán a cosechar (while down in the lowlands the crops are all coming), pues todo lo que necesitamos para vivir proviene de la naturaleza (we have everything). De manera que, aunque la muerte nos aguarde al final del camino, éste es una dichosa senda que truena con la intensa estampida de la gentil naturaleza (life is thundering blissful towards death in a stampede of his fumbling green gentleness). Ello implica un matiz en la percepción de la muerte con respecto a la canción anterior, ya que el inocente fuego de la pasión amorosa (the blameless flames) y la profunda intensidad con la que se experimenta (and down and deeper) no sucumben a la conciencia de la muerte (see, I got gone when I got wise) aunque sí lo vayan a hacer quienes tienen dicha experiencia (but I can´t with certainly say we survived). Y, aunque el ser amado aquí sí está más presente que ausente, se sugiere que lo está en sueños (it was a dark dream), dormido eternamente (you endless sleeper). Pero en un sueño envuelto por el fuego amoroso (through fire below, and fire above, and fire within), el fuego cuyo crepitar reproduce con su arpa Joanna Newsom al final de la canción, y con el que ella tiende hacia el ser amado, a pesar de la ausencia o de la muerte (there´s a fire, a fire, a fire get going, and I´m going to be right behind you). El amor siempre se expresa en dos niveles diferentes, aunque correlativos y tántricamente integrados: el del cuerpo (it is only skin) y el del alma (makes the sound of violins), referidos simultáneamente mediante hermosas metáforas (in my doorway, we shucked and jived) en las que lo sexual se constituye en consumación de lo amoroso. No obstante, nos hallamos ante una manera de sentir el amor absolutamente femenina —concreta y no abstracta— y por ello orientada hacia el sentido del tacto, que busca realizarse en el abrazo, pues en el cálido arrebujo afectivo es donde de verdad una mujer se está sintiendo mujer (to keep you warm being a woman, being a woman), así como por el dolor de la aceptación de la ausencia de aquella calidez una mujer llega a ser mujer (gone now, dead and done, be a woman, be a woman!), alguien ya plenamente adulto por efecto de la tolerancia a la frustración y del consiguiente autoconocimiento, el cual por cierto neutraliza toda posibilidad de ser considerado ―insisto— cursi. Y esta manera tan natural de ser mujer es la que produce en quien la escucha una inmensa ternura. Sólo con acompañar y tocar al ser amado, se siente la mujer más feliz del mundo (when I cut your hair, and leave the birds the trimmings, I am the happiest woman among all women) y se muestra incluso dispuesta a recorrer océanos de tiempo y atravesar descalza desiertos (come across the desert with no shoes on!) para poder acariciar la dulce cabeza de su amante (to stroke your sweet head), a quien amará sinceramente o a nadie amará (I LOVE YOU TRULY, OR I LOVE NO-ONE). Y aunque el amor de una o varias mujeres no eleven ni conmuevan al ser amado (and if the love of a woman or two, dear, couldn´t move you to such heights), todo lo que podrá hacer ella es continuar amándolo y, lejos o cerca, seguir junto a él (then all I can do is do, my darling, right by you). ¿Qué se puede añadir a esta declaración? Es el final de esta irrepetible canción: a pesar de la muerte, la ausencia, o de no ser correspondido, el amor de esta mujer es CONSCIENTE y naturalmente incondicional, como sólo lo puede ser el de una mujer, el de un ser biológicamente preparado para concebir vida y protegerla ante cualquier circunstancia. Esto debería derretir a cualquier hombre con una mínima consciencia. ¡Qué bonita es Joanna Newsom!

El disco finaliza con la canción de estructura musical más sencilla y tema más definido. «Cosmia» es la exequia con la que debe darse término a la obra maestra, pues Newsom se concentra aquí en llorar la ausencia de la persona muerta. El amor, el dolor de la nostalgia, la vida y la muerte, o la naturaleza ―personificada como divinidad redentora— reaparecen como corolario a todo lo expresado. La canción empieza con la violenta imagen de suponemos que los ojos del ausente, cuyas pestañas se cierran cual sacude el viento a los juncos (I saw your eyelashes shake like wind on rushes), como si se cerrasen para siempre. Así parece reafirmarlo la siguiente imagen, con esos ojos enmarcados por un pétalo de rosa seco (dried rose petal framed your eyes). Y ella no puede dejar de echarle de menos espontánea y sucesivamente (and I miss your precios heart) durante toda la canción. Siente, además, cada noche la impotencia de no poder evitar precisamente que la noche sobrevenga (I couldn´t keep the night from coming in), que la muerte acontezca. Se pregunta por qué se ha ido (why´ve you gone away) y, abandonada, su vida consiste sólo ya en dormir: morir (and I sleep through the rest of my days). El sufrimiento le lleva a buscar, cómo no, refugio en la Naturaleza ―Cosmia—, a la que ruega ayuda (help me, Cosmia, I´m grieving). La Naturaleza se presenta así como la Gran Madre protectora: no es una deidad masculina que protege con el vigor de su fuerza, sino femenina ―proyectada por una mujer—, que siempre protege mediante la sabiduría de su abrazo. Sabemos que la ausencia es consecuencia de la muerte (and then the moonlight caught your eye and you rose through the air), una muerte que durante toda la canción es reflejada en la nocturnidad, y también se nos aclara que es la muerte de la misma persona a la que se refería al principio, pues es su ojo lo que la nocturna luz de la luna eleva hacia el cielo. Y ella le reza, pues el sentido de su oración (then this is my prayer) no es otro que conseguir que el amado ausente pueda ver la luz de la verdad (true light) en su autopista hacia el cielo. Y ella vive con la incertidumbre de que él la llame cuando llegue al cielo (will you call me when you get there), de que se acuerde de ella. Esto nos remite al final de “Sawdust and Diamonds”, pero Joanna Newsom prefiere poner punto y final al disco con la VITALIDAD que caracteriza su mentalidad y, con ella, su música: aunque echa y echa y echa y echa de menos el precioso corazón del ser amado (and miss, and miss, and miss, and miss, and miss your heart!), ese corazón se liberará por efecto de la muerte para participar de la fiesta de los corazones preciosos (but release your precios heart to its feast, for precious hearts). Cualquier corazón que participe con sinceridad de la vida, proyectará belleza a su alrededor y ese será su premio… Joanna, ¿te he dicho alguna vez que te quiero?

 

© 2010, Pablo Retana


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