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Entrevista a Elvira Lindo

 

Tinto de verano

ISBN: 9788403092372; 216 páginas

PVP: 14 €; Aguilar, 2001

 

 

 

 

 

 

Leo, y los goterones de sudor de esta tarde de agosto sevillano me caen por la frente y van a parar al libro Tinto de verano, de Elvira Lindo. Esas gotas proustianas me recuerdan cuando conocí a Elvira. Era el día más lluvioso en Nueva York en años, y yo caminaba desde la calle Mott hasta el restaurante japonés en el que habíamos quedado, a 45 manzanas de distancia. Mi plan, cuidadosamente estudiado la noche anterior, era ir andando, disfrutar de esa Nueva York bajo la lluvia que describía Colson Whitehead en El coloso de Nueva York, pensar en las cosas que le diría a una de mis escritoras favoritas y sobre todo qué cosas no diría para no quedar como un estúpido. No imaginaba que a mitad de camino tendría que admitir que estaba empapado, que mi plan era un desastre y que tendría que comprar un paraguas de 3 dólares.
Para entonces no había remedio, tenía los pantalones y hasta los calcetines chorreando. La suerte (mala) quiso que aquel restaurante fuera japonés de verdad, y lo primero que tuve que hacer fue quitarme los zapatos y calzarme unas chanclas 4 números menos que mis mojados pies. Dije la contraseña «Lindo» y me llevaron hasta el reservado donde me esperaba la escritora. Lo primero que se me ocurrió decirle fue «es que odio el metro, me encanta pasear por Nueva York» que aunque sea verdad me restaba toda credibilidad como persona «normal». Entonces pensé «vale, ya no puedes hacerlo peor» así que me excusé y me fui al servicio para tranquilizarme un poco y secarme la cabeza. Al volver vi el reguero de agua que habían dejado mis pies, genial.

De las dificultades para sentarme en el suelo no hablaré aquí, de cómo se enfriaban mis pies enfundados en esos calcetines tampoco, y por supuesto no mencionaré que el agua había traspasado mi mochila y había estropeado mi ejemplar de Ventanas de Manhattan (Seix Barral) de Antonio Muñoz Molina, mi libro de cabecera, y hasta mojado mi cámara de fotos. En ese momento llegaron algunos amigos de Elvira y entre todos consiguieron que me olvidara de aquel desastre. Lejos de quedarme aislado de aquel grupo tan bien avenido, Elvira Lindo hizo que me sintiera integrado, y cuando dejaba de hablar siempre me preguntaba algo para que participara en la conversación. Gracias Elvira. Era la primera sensación cálida de aquel día frío y mojado. Un día inolvidable en la ciudad de Nueva York.

Volviendo a esta Sevilla y a estos goterones de sudor que van a caer a un libro, y además de Elvira Lindo, no puedo más que sonreír. No solo por aquella situación sino por el humor de esos pequeños relatos veraniegos publicados en El País con los que Lindo nos alegró las vacaciones hace una década. Los Tintos de Verano duraron 3 veranos, de 2000 a 2003, y ya tienen al leerlos ese poso de melancolía, ese humor de sonrisa tierna de lo que no volverá. Reunidos por Aguilar en tres volúmenes podemos revivir esos días de verano entre Madrid y una casa en la sierra de una familia real (entiéndase bien) con profundos toques de ficción, formada por Elvira Lindo (La Pájara), Antonio Muñoz Molina (El Santo) y sus hijos adolescentes.

Justo antes de que su nuevo libro Lo que me queda por vivir (Seix Barral) otro paseo entre la realidad y la ficción, vea la luz el 3 de septiembre queremos recomendar que vuelvan a leer, si consiguen dar con un ejemplar, aquellos veranos de tinto, visitas furtivas a Madrid, Bicoca, el manzano sagrado, Evelio el obrero, los vecinos, el padre todopoderoso y demás personajes que pueblan esta comedia por entregas, como la autora la denomina, llena de alegría y melancolía que como no podía ser de otro modo echamos de menos pero con una sonrisa. 

Hola Elvira, cómo surgió Tinto de verano?

El periódico me pidió que hiciera un diario de Manolito en agosto. A mí eso me deprimió porque era como pedirme siempre lo mismo. Dije que no, y entonces me propusieron que hiciera lo que quisiera. Y como estaba en un pueblo tremendamente aburrido, escribí sobre ese pueblo. No había más que contar.

¿Qué es de La Pájara y El Santo 10 años después del primer Tinto de Verano?

Son personajes que han quedado atrás. La gente se acuerda de aquellos Tintos, de que lo pasaba bien cada mañana. Unos minutillos de sonrisa. Y a mí ese recuerdo, así de simple, me gusta.

¿Qué sientes ahora sobre aquellos tintos de verano?

Siento algo de distancia. Me pasa mucho con lo que escribo. Es como si fuera superando etapas y no necesitara mirar atrás. Son los lectores quienes me hacen mirar con cariño mi trabajo. Veo ahora esos Tintos y me parece que fui descarada, atrevida. Me hace gracia que la gente que tiene como referencia sólo esas lecturas se asombra cuando me conoce en persona, dicen que soy una persona dulce... Sí, soy una persona dulce por encima de la ironía y desde luego del sarcasmo, y creo que eso es lo que estoy siendo capaz de transmitir ahora.

¿Crees que es posible que los lectores dejen de creer que todo lo que se cuenta en Tinto de verano es absolutamente cierto?

Los lectores siguen creyendo que todo lo que se cuenta en los Tintos es cierto. Necesitan créerselo porque así les parece más divertido. Y ya no lo voy a desmentir. Pero soy yo la que tenía problemas con esa confusión; a mi marido, en cambio, la confusión le divertía.

Se reía Antonio Muñoz Molina tanto como los lectores o tenía alguna reserva?

Antonio se reía, el que más, fue el primer lector de los Tintos y se partía de risa. Jamás tuvo ninguna reserva, era yo la que me preocupaba... Él me decía, el que no vea que es una broma es que no sabe leer.

¿Existe esa delgada línea entre realidad y ficción también en tu último libro Lo que me queda por vivir? Preséntanos tu nuevo libro.

Mi último libro, Lo que me queda por vivir: una mujer muy joven, profesional de la radio, con un niño muy pequeño, sola, confusa, en el complicado Madrid de los ochenta. Sí, tiene muchas cosas basadas en mi biografía, es decir, mi vida es la materia prima de esta novela, pero... es una novela. Siempre ha sido así en la literatura, lo que ocurre es que ahora hay como una especie de regresión, de vuelta a un cierto puritanismo (a pesar de la ordinariez reinante) que hace más difícil hablar de la intimidad femenina.

Decidiste no sacar el libro al mercado para la feria del libro, ¿pudor o cansancio?

No quería sacar el libro para la Feria porque quería hacerlo tranquilamente, sin correr, eso me hubiera obligado corregir deprisa y corriendo, y quería hacerlo todo despacio... Pero este tiempo de espera se me está haciendo muy largo, estoy impaciente. Ah, y el pudor... lo tengo siempre.

¿Qué lectura recomiendas a los impostores para estos días de calor?

He dado un curso en la UIMP sobre cuentos, así que recomiendo leer relatos cortos. A ver si el género cunde en España: Grace Paley, Chéjov, Ford, Malamud, Carver, Cheever... Todos maravillosos.

© 2010, Aitor Aguirre

© Fotografías, Xavi Menós

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