Ryu Murakami

Traducción de Pilar Álvarez Sierra
ISBN: 978-84-937783-78;
510 páginas; PVP: 23 €
Ediciones Escalera, 2010
El día que tuve en mis manos Los chicos de las taquillas fui consciente de que tras la primera página leída, me resultaría imposible negarle la entrada al extraño y descarnado mundo de Ryu Murakami de nuevo. Hacía dos años ya de mi primera experiencia con este autor, y aún seguía recomendando la novela Azul casi transparente, acompañada siempre del aviso de no leerla con resaca, o lo que es lo mismo, con el estómago algo inestable.
Me había, literalmente, encantado. Era la primera vez que un mundo creado por letras provocaba en mí reacciones físicas incómodas (más allá de unas cuantas lágrimas); y así y todo, continuaba leyendo el libro con una avidez que rayaba el sadismo. Con estos antecedentes me enfrenté al último de los tres libros que han sido traducidos en España (Azul casi transparente, de Anagrama; Sopa de miso, de Seix Barral y Pircing, de Ara Llibres) de este Murakami, que bien podría ser la versión surrealista y gore del, por cosas de la vida, más conocido Haruki Murakami.
Ryu Murakami, natural de Sasebo, es un hombre con múltiples facetas. Ha sido uno de los primeros autores en ofrecer una de sus novelas, A Singing Whale, en formato digital a través de iTunes Store antes incluso de que hiciera aparición su versión impresa. Dirige, produce y escribe guiones de películas, algunas de ellas basadas en sus novelas. En materia de cine, probablemente sea Audition una de las más importantes en las que ha colaborado, una película de terror que se estrenó en España en el 2002. En la actualidad, se encuentra en desarrollo la versión cinematográfica de Los chicos de las taquillas, cinta que no negaré despierta mi curiosidad.

Pero voy a dejar de lado el extenso Curriculum Vitae del autor y centrarme de nuevo en el libro. El germen de esta historia son dos niños nacidos de un útero de metal. Las taquillas de una estación de tren de la ciudad de Yokohama. Hashi y Kiku, dos huérfanos unidos por la casualidad, viven desde el momento de su adopción en una continua lucha consigo mismos, entre la represión y los deseos de venganza. Venganza por sus vidas carentes de vínculos maternales, y reprimiendo los trastornos que esto les ha causado. Desde el comienzo ves que en ellos habita una oscuridad ancestral; mientras el personaje de Anémona, una joven de 17 años de extraordinaria belleza, es la única que nos ancla a duras penas a un mundo algo menos tortuoso y más contemporáneo.
Este libro para mí es como poesía sin positivar. La obsesión de los hermanastros por la datura, esa sustancia que según algunos les ayudará a terminar con todo, hace que te estremezcas mientras imaginas (inevitablemente) la ciudad de Tokio cubierta de polvo gris y gente desmembrada, bajo la sombra gris de los terribles bombardeos atómicos de Nagasaki e Hiroshima. Así es como Hashi y Kiku recorren la novela interpretando una danza butoh apresurada que terminará en caos, dejándote con la sensación de no haber leído ni una palabra de más.

© 2010, Verónica Carracedo