
Las vacas de Stalin
Traducción de Ursula Ojanen y Rafael García Anguita
PVP: 21,50 €
451 editores, Madrid, 2008
Decía Adam Zagajewski, en un nebuloso curso de verano sobre literatura europea, que últimamente echaba en falta una crítica literaria realmente crítica, una crítica que no temiera dar su opinión y que fuera más allá de la superficie mediática de novedades y autores consagrados para rastrear lo que el editor Hubert Nyssen ha denominado «escritura con denominación de origen». En El Impostor creemos que al poeta polaco no le falta razón, y por ello iniciamos sección ajenos a imposturas literarias y decididos a dar un espacio a esos perfectos desconocidos de la literatura que, a pesar de su indudable calidad, no han tenido la visibilidad que merecen.
Por ello, y porque, como decía uno de nuestros maestros, los manuscritos no arden (aunque algunos quizás debieran hacerlo, añadimos desde esta humilde columna 2.0), comenzamos andadura con un libro que no es una novedad editorial pero que quizás sí sea un descubrimiento para muchos de nuestros lectores, esperamos que no tan improbables: la escritora finlandesa de origen estonio Sofi Oksanen (Jyväskylä, 1977) y su novela Las vacas de Stalin. Señores, no sólo de «larssons» y novela negra vive la literatura del norte de Europa, como demuestran 451 editores (una de nuestras debilidades, reconozcámoslo) con esta valiente apuesta...
A aquellos que, tras leer la palabra ‘bulimia’ en la cuarta de cubierta del libro y ver fotografías de su autora en su página oficial o en MySpace, tengan la tentación de salir huyendo ante el riesgo de encontrarse con la obra primeriza de una neogótica torturada llegada de los helados confines de Europa, no me queda más remedio que ponerles la zancadilla: abstráiganse de la imagen personaje, ya que encontrarán en esta novela la voz de una escritora con una sólida técnica narrativa, una mirada singular y un sentido crítico que le han valido tanto la admiración de la crítica y el éxito de lectores en Finlandia, como algún que otro problema de índole diplomática en el extranjero.
Y es que Sofi Oksanen es una autora que, según sus propias palabras, aún cree que el arte puede cambiar el mundo. Ya con su debut literario Las vacas de Stalin (2003; nominada al Premio Runeberg en 2004), en el que combina la crítica social y la recuperación de la memoria histórica con un estilo altamente poético, consiguió abrir un debate público y desmitificar la aparentemente idílica sociedad finlandesa. Algo, que, por otra parte, en las últimas décadas parece haberse convertido en una constante en la obra de autores provenientes de los países nórdicos. Tras su igualmente exitosa segunda novela, Baby Jane (2005), Oksanen, que es estudiante de la Academia de Teatro de Helsinki, estrenó en 2007 su obra La purga, cuya versión novelada (2008) fue catapultada inmediatamente al número uno de las listas de ventas de ficción y ha recibido los premios Finlandia (2008) y Runeberg (2009).
«Tres mujeres, tres generaciones: la historia de una Europa dividida entre el este y el oeste, el hambre y la bulimia». Así comienza, y muy acertadamente, el resumen que los editores hacen de la obra. En efecto, Sofi Oksanen consigue entretejer con gran habilidad la historia de tres generaciones de mujeres con un destino marcado por trágicas circunstancias históricas y personales: Anna, bulímica convencida y por decisión propia (o eso cree ella), acomplejada por su origen estonio; su madre Katariina, que huyó de la oprimida Estonia soviética gracias a su matrimonio con un finlandés, matrimonio que la condujo tan sólo al desengaño y a la condición de ciudadana de segunda clase en una Finlandia más llena de prejuicios de lo que aparenta; y, finalmente, su abuela Sofia, de la que las separa tan sólo un viaje en ferry para atravesar la frontera, que constituye la encarnación de la memoria histórica, de las consecuencias de la violencia y el absurdo de la guerra, de la represión estalinista, pero también el regreso a los orígenes.
La estructura de la novela, en la que se yuxtaponen fragmentos de la vida de estas tres mujeres sin seguir un orden estrictamente cronológico, no es casual: sus destinos están más relacionados entre sí de lo que a ellas mismas les gustaría reconocer, aunque sólo sea en su intento por no repetir los mismos errores o por cambiar un futuro que ven abocado al desierto vital de sus predecesoras. Tan sólo una voz narrativa desnuda y desgarrada, con fuerza y verosimilitud, como la conseguida por Sofi Oksanen (a menudo comparada con Marguerite Duras), que fluye sin dificultad entre la primera persona de Anna y un narrador omnisciente, podría dar unidad a una obra de construcción tan compleja y convencer de su particular lógica al lector.
«El este y el oeste, el hambre y la bulimia». Sin duda, la dicotomía entre la abundancia y la carencia material es uno de los hilos conductores de la novela. Pocos autores lograrían transmitir con la capacidad de observación y la agudeza de Oksanen el significado y el estatus que otorgaban unos pantalones vaqueros o un plumífero finlandés en la Estonia comunista; la carga sentimental e ideológica que pueden llegar a tener unas medias o una barra de labios made in Estonia; los millones de sentimientos que puede despertar la comida, desde la añoranza hasta el odio, pasando por el ansia, la dependencia o el erotismo.
Sin embargo, este tema no es más que un
leit motiv que nos conduce a los motores de la obra de Sofi Oksanen. En primer lugar, la búsqueda de la propia identidad (personal y nacional), el extrañamiento, la aceptación de lo diferente. Y en segundo lugar, pero no menos importante, el poder y la desigualdad en planos muy diferentes: la indefensión del individuo frente al absurdo de un régimen totalitario, la opresión de una pequeña nación dentro de la gran mole unificada de la URSS, los prejuicios de la Europa Occidental hacia la Europa Oriental, el papel subordinado de la mujer en una sociedad aún mayoritariamente machista, la sexualidad instrumentalizada. Cuando todos estos conflictos confluyen en apenas tres generaciones y una autora con el valor y el talento de Sofi Oksanen se decide a darles voz, el resultado es una novela tan amarga y reveladora como absorbente:
Las vacas de Stalin
© 2009, Patricia Gonzalo de Jesús
© Fotografía de Sofi Oksanen de Teemu Rajla
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