«Qué ojos tan grandes tienes», esas debieron de ser las palabras de un impresionadísimo lobo feroz al ver a nuestra aún adolescente Zooey vestida de caperucita roja. Y es que su siempre sorprendida mirada es el sello de identidad de esta californiana. Así es como empezó. En el musical Into the Woods en un teatro de Los Ángeles.
Pero con el paso de los años esa niña escarlata creció. Se entretuvo con el cabaret (If all the Stars Were Pretty Babys) pero conquistó muchos corazones en el cine en su camino hasta allí. Muchos de aquellos pretendientes batallaban en el cine independiente (Flakes, 2007) así que Zooey se convirtió en una de las musas indies por excelencia. Llegados a este punto, los que aún no la adoraban lo hicieron después de verla en las algo distintas tierras de Oz de Tin Man, miniserie inspirada en el conocido libro El maravilloso mago de Oz (me parece un bonito gesto viniendo de alguien que debe su nombre a una novela de J.D. Salinger).
Zooey Deschanel y música van unidos casi siempre y ha dejado su toque personal en películas como Almost Famous (2000), The Go-Getter (2007), Bridge to Terabithia (2007) o 500 Days Of Summer (2009). No cuesta mucho imaginar de donde le viene la pasión por las artes escénicas. Nacida en la cinematográfica ciudad de Los Ángeles se crió en el seno de una familia de cineastas. Su padre Caleb Deschanel es un conocido director de fotografía, mientras que su madre y su hermana (Mary Jo y Emily) son actrices. Zooey no solo consideraba la industria del espectáculo su medio natural sino que nunca concibió otra posibilidad que no fuera estar bajo los focos.
Cuando la veo hablar en la TV se me antoja una personalidad inquieta, adorable y un poco peculiar. Resulta fácil imaginármela ya desde pequeña habitando los sets de rodaje en los que sus padres trabajaban, curioseando aquí y allá. Tal vez es a esta agitada naturaleza suya a la que debemos el flechazo profesional que surgió entre ella y el músico y compositor norteamericano, Matt Ward. She & Him se conocieron durante el rodaje de The Go-Getter, película en la que interpretaron juntos el tema «When I Get To The Border», y en la que Matt Ward era el responsable de la banda sonora.
Hasta ese momento el único ejercicio vocal que le habíamos visto hacer a Zooey en la gran pantalla era la personalísima versión de «Baby It’s cold outside» que interpretaba en Elf (2003) y una pequeña composición interpretada y compuesta por ella misma para Winter Passing (2005) llamada Bittersuite. Pero da la casualidad de que nuestra musa cultivaba un gusto exquisito por la música de los 50-60, y esa tendencia vintage suya fusionada con el folk de M. Ward se materializó, felizmente para nosotros, en She & Him. La naturaleza de este proyecto parecía la mera diversión, pero la cosa cambió tras la salida de su primer disco: Volume One. Fue muy bien recibido por la crítica y generó como es lógico grandes expectativas en cuanto a su siguiente lanzamiento. Pero no temáis.
El ángel de Zooey sobre el escenario, su modulada voz y la solidez como músico de M. Ward han resultado ser la alquimia perfecta y han vuelto. Volume Two (2010) es la segunda entrega de este dúo y después de menos de una semana de escucha regular no puedo imaginarme un paseo urbano sin estos chicos en mis orejas. Escucharlo es como sintonizar un viejo aparato de radio en plenos años 60. Sus depurados coros te hacen pensar en The Ronettes y sus contoneos over and over again. Ukelele para llevarnos a las playas californianas, un alegre piano de la mano de Zooey y mucha mucha espléndida cuerda a cargo de M. Ward. El par de versiones, algo a lo que espero nos acostumbren, también dan en el blanco: Ridin’ In My Car (NRBQ) y Gonna Get Along Without You (Skeeter Davis).
Con su sonido vintage y optimista, Volume Two es puro sixties. Yo rebautizaría a Zooey: Zooey Revival.