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Entre Que Me Parta un Rayo (1991) y Tu Labio Superior (2008), primer y último disco de Christina Rosenvinge, hay diecisiete años. Suficiente tiempo, desde luego, para que una carrera se consolide, se hunda, se pierda o, como en su caso, se lance por fin. No es lo más habitual que alguien, después de casi veinte años cantando, tenga éxito con su noveno disco. Así que, de repente, cuando en 2008 se publica Tu Labio Superior, mucha gente descubre a Christina Rosenvinge, o proclama que ha vuelto.

Nueve discos. Veinte años. Yo creo que nunca se ha ido.

Tu Labio Superior es, además, el disco más parecido de todos a Que Me Parta un Rayo. Un año antes, en 2007, había salido a la venta Verano Fatal, siete canciones de frescas melodías y letras junto a Nacho Vegas. El trampolín perfecto de presentación para su nuevo mercado: el del moderneo. Así que, cuando empieza a oírse en la radio «La Distancia Adecuada» —a su vez, adecuado primer single—, nos encontramos, de pronto, con el mundo y la canción típica de la Rosenvinge, pero mucho más liviana y desenfadada que en otras ocasiones. Como en «Que Me Parta un Rayo», pero salvando los diecisiete años ―de madurez— que hay entre ambos. «La Distancia Adecuada» es una canción triste pero con la capacidad suficiente como para reírse de sí misma. Algo que Christina Rosenvinge hace con mucha frecuencia, pero que, probablemente, choque frontalmente con su imagen de chica intensa: en sus canciones hay referencias a la nouvelle vague, al rock independiente neoyorquino, a pelis experimentales, sí... Quizás todo huele un poco a plomizo, aburrido y pretencioso, a alguien que se esfuerza en ser cool o en borrar las huellas de un pasado que la lanzó a la fama pero que ha sido, sin duda, su peor lastra. También es cierto que hablamos de una generación que se ha criado (nos hemos criado) también con una lastra, también: la del autor, la del sello personal que sólo tú puedes fabricar, y no otro, y que mientras menos gente entienda, mejor, porque significa que más personal y profundo es. Probablemente, Christina Rosenvinge sea de las últimas clásicas modernas.

Da lo mismo: sea el talento, sea la inteligencia, sea lo que sea, el caso es que en su mundo entran tan bien las referencias «cultas» como las populares, divertidas y autoparódicas.

Para su primer disco post pasado lacra, en 1991, se rodea de amigos, a los que llama «Los Subterráneos», como la novela de Jack Kerouac, o como el rock (underground) que tanto le fascina; se enfunda la clásica cazadora de cuero y se tapa media cara con el pelo para hacerse la foto de la portada. El resultado: un disco ingenuo y divertido, de pose, de divertimento, donde las canciones funcionan como una especie de postal de un mundo soñado: Estados Unidos. La madrileña parece identificarse con la mujer que vive en la caravana con su marido borracho y que una noche se larga de juerga aunque sabe que al día siguiente se lo va a encontrar de mala hostia. O la prostituta con corazón de París, Texas.

En Mi Pequeño Animal (1994), la pose se ha convertido en actitud. Esto es serio: Christina es la chica que quiere ser, y no la que conocíamos antes, y por eso, este disco es menos divertido. Porque el otro podía ser un juego, pero este es una realidad. Hay que olvidarse de la mujer florero, y dar la bienvenida ―o cerrarle la puerta, va en gustos— a la cronista de los bajos fondos... madrileños o de cualquier ciudad americana, probablemente del medio oeste. En Mi Pequeño Animal se habla de mucha gente: de Teresa, de Dani, de Alicia... Parecen las historias de Sam Shepard o de Barry Gifford. El sonido del disco es más elaborado y seco, con muchas más aristas. Intenta homenajes a formas clásicas del rock que no acaban de cuajar, pero triunfa cuando canta a las personas de su alrededor y, sobre todo, cuando se aproxima el final del disco y experimenta con «Al Fin Sola, Al Fin Loca» y se desnuda con «Muertos o Algo Mejor».

Y esta trilogía inicial culmina tres años después con Cerrado (1997), donde han desaparecido Los Subterráneos y es sólo Christina Rosenvinge. Con «Cerrado» toca techo. Es lo mejor que puede ofrecer desde su situación: canciones perfectas, redondas, con letras afinadas y melodías que se pegan a esas letras como un guante hecho a medida. El estilo americano se circunscribe, sobre todo, a dos piezas en inglés, «Glue» e «Easy Girl». En estas dos, las imágenes de su particular «estado mental» americano encajan a la perfección como en un mecanismo de alta precisión, favorecidas, claro está, por el idioma. Un tanto a su favor; el siguiente: las canciones en castellano funcionan igualmente bien y son reconocibles.

Con este disco, Christina Rosenvinge da un concierto en el salón de actos de una facultad en Sevilla. Convencí a una amiga para que me acompañara pero, cuando llegamos allí, ya no había entradas. Los que nos habíamos quedado fuera la vimos pasar, saliendo de una habitación en dirección al salón de actos, y el concierto empezó. Alguien llamó a las puertas de emergencia y abrió desde dentro. Entramos y nos sentamos en el suelo. Christina Rosenvinge vio que pasaba más gente a la sala... y repitió la canción que ya había tocado. Es lo más parecido que tengo a una prueba para demostrar que es una tía maja.

Con Cerrado Warner le canceló su contrato, aunque antes publicó un directo, Flores Raras. Se supo que se iba a Estados Unidos y, durante un tiempo, parecía que nunca se iba a saber más de ella. Frozen Pool (2001), en su origen, sólo se editó en Estados Unidos, pero encontré una copia entre los discos de importación de la desaparecida Madrid Rock. Era un álbum íntegramente en inglés y, por primera vez, no venían las letras en la carátula. Normal: estaba en el lenguaje oriundo del lugar para el que estaba pensado. De nuevo, historias interesantes y buenas melodías. Estaba haciendo el tipo de música que le gustaba, y estaba en el lugar de esa música.

Y, un año después, se publica, este sí en España, Foreign Land (2002), nueve canciones en un bonito estuche, acomapañadas de algo llamado libro-clip; es decir: la letra de «German Heart» se podía leer, frase a frase, sobre una serie de fotografías de Ray Loriga. «German Heart» es un buen ejemplo de los registros de la voz de la cantante que, muchas veces, ha parecido no ser consciente de tener. También, aunaba en esta canción, a la perfección, sus tentativas experimentales con el espíritu de hacer piezas de instrumentación sencilla, sin que esto sea una contradicción. En esta ocasión, pude verla en concierto en La Casa Encendida, comprobando lo bien que se movía con el material que estaba creando, y lo bien que lo defendía en directo. Foreign Land es un disco con mucho más peso que el anterior, sin complejos, con algunas canciones de fondo duro y superficie blanda ―«Dream Room»— y otras de una sinceridad alarmante, «36», donde, aunque suene a chiste, dice su edad real, sin quitarse años. Ya no quiere ser vaquera; sigue buscando una identidad sin darse cuenta de que ya la tiene.

E incluye un nuevo tema en castellano, «As The Stranger Talks», aunque no hay que dejarse engañar por el título. Es fascinante descubrir una cosa: ha conservado el punto de vista lacónico, de epifanía, «americano», pero las imágenes que conllevan las palabras son perfectamente reconocibles.

El ciclo —como el anterior, una trilogía— se cierra con «Continental 62». Es el nombre del vuelo que ha cogido tantas veces para ir a Estados Unidos, y parece ser que pretende que el disco sea su último viaje: vuelve. De las diez canciones, tres son en castellano. Una de ellas, «¿Quién me querrá?», la cantó en directo en uno de los conciertos de la gira anterior. La canción, en el concierto, era bonita, pero tenía una frase peliaguda y difícil de encajar: «Quien me querrá, con lo cara que está la vida»... Bien, en el disco, entra fantásticamente bien. Es un ejemplo ―otro más—, de cómo consigue que las notas más naif de su universo vayan, poco a poco, volviéndose sólidas y estables. El porqué en un momento esa frase suena ridícula y en el otro suena digna, es un misterio ―más— del trabajo invisible que diferencia a una canción que está en fase de prueba, de la misma cuando ya está lista.

Y, a finales de 2008, sale al mercado Tu Labio Superior. El disco está entero cantado en castellano y sorprende, y mucho, que sin que haya grandes cambios, las primeras escuchas dan la sensación de que estamos ante un material nuevo. Más misterios de las canciones. Y en la contraportada del cd vuelve a verse el sello de Warner. Si tuviera que destacar una canción sería, sin duda, «Eclipse», de esos raros temas (al igual que «Sábado», de «Cerrado») cuya letra por sí sola no pasa de correcta, pero cuando se le unen la voz y la melodía, crecen y se vuelven como una puerta cerrada que no te deja salir de ellos.

Si lo piensas, no hay tantas canciones así.

 

© 2010, Manuel Gay Moreno


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