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Dicen en Berlín que cuando un grupo se atreve a cantar en alemán tiene que contar cosas interesantes. Son las premisas obvias de un idioma largamente condenado por el mercado y acomplejado en sus propias sonoridades. Sólo el eufórico momento que sacude la capital alemana ha despertado el interés por la actual creatividad germana.

2raumwohnung es un grupo de fondo, de esos que se han curtido como afluentes en salas, maquetas y prácticas en habitaciones. El proyecto tomó forma cuando la veterana Inga Humpe se encontró con el músico de arreglos electrónicos Tommi Eckhart. Y los dos se quisieron en Berlín, para ellos y para crear un río con más caudal. Le comenzaron a poner música a marcas de la RDA y a la entrada del euro en Alemania, y vieron que todo funcionaba. Si Berlín no hubiera estado embarazada de tanta creatividad, 2raumwohnung no hubiera crecido. Las críticas, siempre buscando comparar y establecer referencias, definieron su sonido teutón una mezcla entre Fangoria, Vive la fête y Everything but the girl. Pero hay más latidos detrás, una vasta cultura musical que aparece no por casualidad como destellos en las partículas de sus composiciones. Sin dejar de ensayar con sonidos y hacerlos plastilina de laboratorio, consiguieron equilibrarse con uno propio: rock, bossa, pop, juegos en las voces, canciones destructuradas y un filo hilo de electrónica, con la virtud de que todas sus mezclas componen el cuerpo de una única argamasa, sin parecer nunca un pastiche.

La rubia y seria voz de Inga Humpe había trasladado su voz de un grupo a otro durante décadas, hasta que Tommi Eckhart puso las vías musicales para que el tren fuera un camino más ancho. Ese mismo AVE musical cosió una primera trilogía de tres discos míticos en Alemania, de letras metafísicas en cuerpos exóticos para el pop. House y oscuros experimentos en medio tempo tejían trallazos que desembocaron en compactar ante el público todo el conglomerado del grupo, el mismo público que rompían las pistas de baile con los remixes de “Es wird morgen” que inundaban en 2004 las salas berlinesas.

En 2005, editaron su cuarto disco Melancholisch schön ("Melancólicamente bello"), donde cedían en parte en los afanes electrónicos para introducir guiños a la bossa nova y dando un toque tribal y excitante a la producción de muchas de sus canciones. Decían entonces que es la seducción por la luz que Berlín aún no tiene.

En 2007, con 36 grad tornaron en un empaque más cercano a la radiofórmula. Una manufactura envuelta en los aires melosos y divertidos que habían dejado años atrás, con letras que sin dejar de ser metafísicas parecía que ni ellos se las acababan de tomar en serio. El primer single ‘Besser gehts nicht” es un medio tiempo pegadizo, sucedido por alguna balada convencional como aquella que fue segundo sencillo, "36 grad”. Pero dentro de ese marasmo contemplativo destacan el eurodance “Ja”, propia de la escena berlinesa en estado de domingo por la tarde, la oscura “Ich Bin Der Regen”, propia de la Berlín de dientes negros que aún no se maquilla, el desparpajo aditivo de “Nimm se” o la gotas del mejor pop que lleva ‘La La La’.

Si en esa Europa que enarbola la unión estuviera menos dividida por las lenguas, algo de 2raumwohnung nos hubiera llegado. Quizás ahora que Berlín esculpe su nombre bajo el mito turístico de escenas experimentales y atrae en su paraguas la creatividad anónima de muchas huellas, sería el mejor momento para empaparnos de la última moda que brota en el viejo continente. Tal como cantaban en “Ja”: “wir sind alle gut und schön / so wie wir sind, / wir sind energie / die keiner verliert oder gewinnt / wir bewegen die welt / und dieser weg hört niemals auf... / ja!” (“Estamos muy bien y guapos / tal como estamos / Somos energía / que ni se pierde ni se gana / movemos el mundo / y este camino nunca termina… ¡sí!")

 

© 2009, Antonio Alcón


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