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Pulse, a stomp odissey

Pulse, a stomp odissey¿Quién sabe en qué lugar leerán esta reseña? Mientras lo hacen, párense a escuchar por un momento a su alrededor. ¿Lo oyen? Presten atención. Quizás oigan el ruido de los pasos de sus vecinos, el incesante tecleo de su compañero de trabajo, el zumbido de su ordenador. Sigan escuchando, tal vez alguien esté en la cocina, preparando la cena. ¿Oyen los cacharros? Puede que las voces de sus hijos se oigan desde la habitación de al lado, o su mascota trate de encontrar una buena postura en el sofá. Escúchese a usted mismo, el leve sonido que hace al cerrar los labios, o al morderse las uñas, su respiración, los breves sonidos que hace su asiento al cambiar de postura. Presten atención. ¿Lo oyen? Felicidades, acaban de descubrir a Pulse.

Pulse, el impulso, el latido (tanto da en el fondo) nos rodea, está en nosotros, sale y entra a su antojo de nuestro cuerpo con cada exhalación, vibra en las ventanas, se escucha en las calles, nos impregna y se aleja en cada suspiro, en cada grito, en cada golpe. Cada lágrima lo contiene, todo orgasmo, cualquier melodía y bocinazo, todo es Pulse. Todo.

Y ahora aléjense, atrévanse a soñar. Aléjense y piensen en lugares remotos, lugares a los que les gustaría viajar, en el sonido de los lengüetazos de un tigre que refresca su sed, en los cascos de una manada antílopes en estampida, en el tarareo de una mujer que lava su ropa en la ribera del río.

Oigan el sonido que producen los pies de un grupo de indios americanos que, con sus brillantes vestimentas, levantan el polvo. Oigan el rasgar de la guitarra española, el ritmo de los tacones de una bailaora de flamenco. Oigan los lejanos pero incesantes golpes de un japonés, que con un taparrabos, se enfrenta al poder de un tambor más antiguo que nuestra propia civilización.

Pulse

Dejen de imaginar y empiecen a ver, porque Pulse, a Stomp Odissey nos ofrece ese privilegio.

Stomp, el grupo de percusionistas que revolucionó el mundo con sus performances y coreografías basadas en el ritmo por el ritmo, utilizando siempre elementos que se encuentran a nuestro alcance, presentó su primer documental hace unos años, filmado para proyectarse en cines Imax. El éxito del mismo fue tal, que ha sido reestrenado varias veces en el Imax de Barcelona (disponible actualmente en cartelera) y ha sido editado en formato DVD.

Durante 45 minutos de documental, uno de los líderes de los Stomp, Keith Middleton, nos acompaña en un viaje por los ritmos del mundo, por el lenguaje universal de los latidos, que empieza en el corazón y la voz de uno mismo. Junto a Keith y los demás, el espectador recorrerá los lugares más recónditos del planeta mientras disfruta del visionado de los paisajes más espectaculares del mundo y de actuaciones que le erizarán el vello a ritmo de tambor, claqué, hip-hop o batucada, entre otros. Desde las llanuras de América del Norte hasta la Alhambra, pasando por el puente de Brooklyn, los carnavales de Río y las zonas más marginales de Sudáfrica, percusionistas y artistas, entre los que se encuentran Carlinhos Brown o Eva Yerbabuena, ofrecen su particular visión de lo que significa algo tan universal como el ritmo.

A nivel técnico, no hace falta decir que resulta claramente espectacular. No solo por la calidad de imagen que ofrece la técnica utilizada para los cines Imax, que recomiendo fervientemente si desean disfrutar de 45 minutos de constante asombro, sino por el contenido y la estética, que cautivan hasta al más escéptico.

Pulse, a Stomp Odissey es un verdadero espectáculo para los sentidos, y como documental está construido de una manera impecable. Steve McNicholas, su director, enlaza cada actuación con pequeñas escenas cotidianas cargadas de ritmo, a la vez que añade algunas de las actuaciones más espectaculares de los Stomp, entre las que se encuentra una debajo del agua. Con una calidad de sonido inmejorable y un montaje trepidante, al espectador los 45 minutos se le hacen cortos. Aunque se trata de un documental poco conocido y algo difícil de encontrar, Pulse, a Stomp Odyssey es una verdadera joya que no deberían perderse.

El mundo se mueve por impulsos, por latidos, por ritmos constantes e inconstantes. El silbido del viento, las rocas al desprenderse, los cacharros de nuestra cocina, todo en este mundo produce ese latido del que muchas veces ni nos percatamos. Pero existe. Disfruten de la celebración de algo tan bello y universal, y nunca, nunca, pierdan el ritmo.

© 2011, Beatriz Peña

info@elimpostor.com

 

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