
La vida de los otros
El cine alemán ha recuperado una repercusión internacional que parecía haber perdido a finales del siglo XX a través de un buen puñado de películas en las que explora las cicatrices de su pasado reciente. Películas como Good bye, Lenin (Wolfgang Becker, 2003), El Hundimiento (Oliver Hirschbiegel, 2004), La vida de los otros (Florian Henckel von Donnersmarck, 2006), R.A.F. Facción del Ejército Rojo (Uli Edel, 2008) e incluso coproducciones como El lector (Stephen Daldry, 2008) y Amen (Costa-Gavras, 2002) desde posiciones éticas y estéticas diversas, vienen a confirmar una tendencia de cierto cine realista, de tintes histórico-políticos, que ha sabido enganchar a las nuevas generaciones de alemanes y ha permitido a su industria recuperar el prestigio internacional.
A 20 años de la caída del muro de Berlín, Alemania parece preparada para mirar a su pasado sin complejos, con distancia, con espíritu crítico y ejemplar sensibilidad.
En este singular proceso de recuperación de la memoria histórica a través del cine comercial destaca poderosamente La vida de los otros, multipremiada primera película de Florian Henckel von Donnersmarck, que se adentra en el oscuro y degradado laberinto que era Berlín Oriental y la RDA a pocos años de la caída del muro. Un país de 16 millones de habitantes completamente controlado por la Stasi, la policía política, que contaba con casi 100.000 miembros y con más de 200.000 informadores, y en el que, como en cualquier régimen totalitario, el arte y la cultura, también la oficial, eran mirados con lupa.
La vida de los otros, magistralmente interpretada por el desaparecido actor alemán Ulrich Mühe, (que creció en la RDA y cuya primera mujer era informante de la Stasi sin que él mismo lo supiera), cuenta la historia
de Gerd Wiesler, frío y ambicioso capitán de la Stasi, que recibe la orden de vigilar, mediante escuchas, al conocido dramaturgo afín al Régimen Georg Dreyman (Sebastian Koch). El equipo dirigido por Wiesler llena de micrófonos la vivienda en la que el escritor convive con su compañera, la actriz Christa-Maria Sieland (Martina Gedeck), y establece su base de operaciones en el desván del mismo edificio.
A través de las escuchas, Wiesler accede a un mundo de relaciones humanas completamente desconocido para él, accede al círculo de amistades de la pareja y a su intimidad y, tras dudar del propio sistema para el que trabaja, que se ha traicionado a sí mismo y se ha degradado hasta límites que desconocía, acabará identificándose con sus víctimas y protegiéndolas aunque ello le suponga acabar con su propia carrera.
A medio camino entre el cine político de un Costa-Gavras y la ficción clásica del cine de espías a la europea, Henckel von Donnersmarck propone una atractiva y profunda reflexión sobre las dificultades de vivir con coherencia y honradez en un sistema paranoico marcado por la falta total de libertades, pero también, y resulta admirable, sobre las dificultades y contradicciones que se encuentran los seres humanos una vez que alcanzan una teórica libertad para la que quizá no están preparados.
En este sentido, y más allá de adentrarse sin tapujos en el Berlín Oriental y en los tenebrosos métodos de control sobre la vida de las personas del régimen comunista de la RDA, La vida de los otros acaba convirtiéndose en una reflexión sobre las dificultades y contradicciones en las que aún viven Alemania y Europa del Este desde la caída del muro de Berlín, y que también resulta extrapolable a otro tipo de geografías y de dictaduras, como podría ser, salvando las distancias ideológicas del régimen, el caso de España.
El por qué en España resulta tan difícil apostar desde el cine de ficción comercial por este tipo de propuestas desborda las intenciones de este pequeño artículo y conllevaría, sin duda, un análisis y una reflexión más profunda.
El mito de que se han hecho ya muchas películas sobre nuestra guerra civil, o la idea, por años extendida y errónea, de que aquí lo que hubo fue una “dictablanda”, por no entrar en prejuicios, también muy extendidos, de que la cultura española sigue teniendo sesgos ideológicos y practica el revanchismo de izquierdas, hacen que el nuestro sea un caso especial con heridas que quizá aún no han terminado de cicatrizar.
Desde el cine comercial de ficción, en el terreno del documental son innumerables las aportaciones de los últimos años, ha habido intentos más o menos aislados como la muy estimable Salvador (Puig Antich) (Manuel Huerga, 2006), El Lobo (2004) y GAL (2006), de Miguel Courtois o Yoyes (Helena Taberna, 2000), por citar algunos ejemplos, pero quizá esta sigue siendo una asignatura pendiente del cine español y una tendencia que podría tener su relevancia y su trascendencia industrial en un futuro no muy lejano.
© 2009, Carlos Ceacero
info@elimpostor.com

