
Un día cualquiera un ciudadano de Manhattan puede usar (y tirar) 2 vasos de cartón para café, otros tantos para refrescos y agua, varias servilletas de papel, 2 juegos de cubiertos de plástico, 4 recipientes de comida para llevar, con sus correspondientes bolsas de plástico. Usa coche, taxi o metro, en distintos trayectos, por no hablar de cuchillas de afeitar deshechables, tampones, papel higiénico, pañales, etc. ¿Qué pasaría si alguien decidiera dejar de usar productos desechables, reducir el impacto negativo al medio ambiente en todo lo posible y además compensarlo con un impacto positivo?
No Impact Man, apodo auto-impuesto por Colin Beavan, es en realidad un escritor doctorado en Física, que ha realizado un experimento llamado «No Impact Project», de un año de duración consistente en vivir diariamente sin impactar el medio ambiente, o al menos intentarlo. Lo que puede parecer una utopía en cualquier pueblo o ciudad occidental en Nueva York es simplemente un imposible, o al menos eso es lo que le decían a Beavan al principio del proyecto. Los otros participantes son su esposa, Michelle, escritora adicta a las compras y a los cafés de Starbucks, su hija de dos años, Isabella, y el perro Frankie, en la novena planta de su apartamento de la Quinta Avenida.
Juntos experimentan el conflicto entre desarrollo económico y calidad de vida 200 años después de la Revolución Industrial pensando que tal vez dicha revolución ha sobrepasado sus propios límites, y evidencia el fracaso del modelo consumista y de la forma de vida occidental. A lo largo del experimento, Colin Beavan decide prescindir de todo medio de locomoción, incluyendo ascensores, que no sean la bicicleta, el triciclo, el patinete o sus propias piernas. Después prescinde de las bolsas de plástico cualquier recipiente fabricado para un solo uso, por lo que irá permanentemente equipado con un bote de cristal que contenía crema de cacahuete y lo usará para que le sirvan café o transportar el almuerzo. En la siguiente fase, decide no comprar alimentos que tengan su origen a más de 400 kilómetros de Manhattan, evitando los falsamente llamados «ecológicos», la carne (la cría del ganado es más contaminante que los automóviles debido a los gases que producen) y el pescado (por la sobreexplotación del mar), lo que reduce su opción a productos de temporada comprados en el mercado de agricultores de Union Square. «No consistía en sobrevivir sin más, sino, más bien, en no desperdiciar. Ese es en realidad el núcleo de todo el proyecto No Impact: se trata de no desperdiciar los recursos y de no desperdiciar la vida».
No contentos con eso, la familia Beavan decide no comprar nada nuevo, recurriendo a Internet para el intercambio de objetos o comprando artículos de segunda mano. La fase final directamente prescinden de la electricidad, usando solo un pequeño e insuficiente panel solar, por lo que trabajan de día y dedican la noche a estar en familia y descansar, viviendo como se hacía hace algunas décadas (en Occidente) Beavan y su familia pasan más tiempo juntos, pasean por la ciudad, cocinan y juegan a las películas en vez de ver reality shows. Lo que comenzó siendo un experimento ecologista se convirtió rápidamente en un experimento familiar.
Con algunas fisuras, siempre cuando se bordea el radicalismo, como el uso de la lavadora, la imposibilidad de desengancharse del café, el uso del aceite de oliva y el vinagre o alguna visita a restaurantes por causa de fuerza mayor, Beavan nos hace reflexionar de una forma dvertida e instructiva sobre qué es necesario y qué no, qué deseamos realmente, y qué podemos hacer cada uno para impactar lo menos posible al Medio Ambiente. El experimento que comenzó con un exitoso blog, y que fue seguido por las cámaras para realizar un documental dirigido por Laura Gabbert, pronto tuvo repercusión gracias a un artículo en The New York Times (haciendo hincapié en el no-uso del papel higiénico, lo cual no entusiasmó a la familia Beavan).
451 nos trae las aventuras de Colin Beavan (en una edición respetuosa con el medio ambiente, ya que ha sido producida con papel y cartón cien por cien reciclado) una reflexión acerca del progreso, sin sermones, en la que el lector inevitablemente se ve implicado al enfrentarse, como la familia Beavan, a cada cosa que hace o consume a lo largo del día con la perspectiva No Impact. Entre tanta información sobre el cambio climático, ecología y medidas medioambientales hacía falta un movimiento como el No Impact Project, una mezcla de aventura urbana con tintes de comedia y de reality show, perfecto para impactar en el público joven.
¿Te atreves a hacerlo en casa?
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