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Being good in business is the most fascinating form of art

Andy Warhol.

 

El escritorio en el que me encuentro ahora mismo está presidido por una setita metalizada de Super Mario. A mi izquierda y debajo de una abundante colección de manga, tengo una preciosa (y tradicional) kokeshi roja observándome a diario. Y si tenemos en cuenta que Natsume Sōseki o Katsushika Hokusai son nombres que captan mi atención al instante, quién sino iba a ser mi ejemplo de fusión entre música e ilustración, ese mundo colorista (o no), más que Takashi Murakami, uno de mis nipones favoritos.

Murakami

Hablan de él (y se repiten hasta la saciedad) como el nuevo Warhol japonés. Y es cierto que hay paralelismos más allá del punto de unión principal: el juego entre la cultura de consumo y el arte que implica el Pop Art.

El oxigenado Andy Warhol tenía The factory: un centro de operaciones y egolatría personal donde ejercía su crítica al elitista expresionismo abstracto a golpe de latas de sopa. Takashi Murakami por su parte ha encontrado en Kaikai Kiki un modo de promocionar y formar a jovenes artistas, producir y promocionar merchandising y organizar eventos como el Festival GEISAI. La diferencia es que mientras Warhol se limitaba a convertir los objetos que las masas consumían en arte, Murakami da una vuelta de tuerca más al “good business is the best art” y convierte el arte en productos consumibles al alcance de cualquiera (aunque hay excepciones, claro está). Es su teoría del superflat: no hay clases en el arte.

Pero no solo la cultura del consumismo y la compleja relación que por medio del arte ha establecido con ella son su tema principal. También lo es el fetichismo sexual , ese que a tantos nos divierte, y que en Japón se ha extendido en las últimas décadas con fenómenos como, por ejemplo, el hentai o el lolicon.

Al trabajo de Murakami hay que enfrentarse traspasando esa superficie näive e influenciada por elementos de la cultura popular nipona tales como el mundo otaku, el anime o el manga. Su obra nos habla de angustia y de ansiedad, y podemos entrever a Francis Bacon o elementos del Japón más tradicional, como el Nihonga o el budismo, en muchos de sus lienzos o esculturas, que dotan sus obras de mayor profundidad.

Y esta es la clave en la que hay que ver el vídeo que os voy a presentar. Os he hablado de él como un infiltrado en la maquinaria del mercado, y de lo que, como artista, trata de mostrar. Pues bien, aquí viene la grabación que he usado como pretexto (lo sé, se ha notado pero este hombre merece la pena) para hablaros de T. Murakami.


El primer impacto visual llega al ver a Kirtsen Dunst (o Marie Antoinette) como recién salida de un manga, ¡y encima cantando! La canción que versiona es "Turning japanese" de The Vapors. El único gran éxito de este grupo new wave de muy corta duración creado en 1978.

Resultó formar parte del trabajo que Murakami había aportado para una exposición colectiva de la Tate Modern de Londres, Pop Life: Art in a material world. El propósito de la muestra era enseñar cómo los descendientes del Pop Art han reinterpretado en la actualidad las teorías de Andy Warhol. Y el vídeo de Takashi Murakami era un ejemplo de ello.

En Akihabara Majokko Princess Murakami nos sitúa en el distrito de Akihabara en Tokio. Y como ya podréis imaginar no es casual. Es el sitio con mayor concentración de tecnología y cultura Otaku del planeta, y por lo tanto el escenario perfecto para el objetivo que persigue: reivindicar su condición de japonés en un mundo occidental que se empeña en ver Japón como un compendio de todos esos clichés con los que nos bombardea en la grabación. En cuanto al insistente "Turning japanese" que suena, la elección me parece del todo acertada. Y el vídeo original es todo un despliegue de estereotipos (que es justo de lo que él nos habla).

Pero Murakami piensa en todo y pone su arte a disposición de productos más sencillos sin complejas implicaciones morales. En este caso en un trabajo como director creativo primero, y diseñador de la cubierta del CD después, para Kanye West y su álbum Graduation. Y es que Murakami es el nuevo hombre orquesta del arte.

 

© 2010, Verónica Carracedo

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