Síguenos en

 

Otros libros
en este número

 

Más libros
en El Impostor

El Impostor

Rostros y rastros: radiografía de un golpe seco

(sobre una exposición de Lisette Model)

Lisette Model

«Me interesa la superficie. Porque la superficie es el interior»

Verán: uno dispone de un tiempo limitado. Hay mucho que ver; mucho que leer, que hacer, que impostar, que sentir. Todo son señales, y no se puede seguir todas, a riesgo de accidentarse o de perderse. Así que, bien, me cuentan de una exposición que hay que ver, no te la pierdas: Lisette Model. ¿Lisette Model? Qué perezón… Otra fotógrafa trasnochada en blanco y negro. Con la de fotografía modernísima que hay por ahí... Por otro lado, si lo pienso, entre los millones de clicks que en el mundo han sido, son y serán, qué pocos perduran… Sólo el tiempo, ese ladrón, paradójicamente preserva. Sólo su guadaña afilada selecciona, sin dejarse cegar por modas o fuegos artificiales. No sin cierto escepticismo, pero con este último pensamiento en la cabeza, me encamino a la exposición que la Fundación MAPFRE ha traído a la Sala Recoletos de Madrid, y que estará abierta hasta el próximo 10 de enero.

Rostros: Lo primero que golpeas, Lisette, cariño, es la mandíbula. Te gusta, al parecer, noquear al primer asalto. Porque esos seres marginales, errabundos, solitarios que retratas, somos nosotros, ¿verdad?: flâneurs perdidos en una ciudad en la niebla, mendigos de un leve rastro de humanidad. Ugggh!. Duele, ¿sabes...? Imaginarse vagabundo por un día y tener que regresar al cuarto de hora. Sentir por un momento el frío de los inviernos implacables de un París glamuroso ajeno a sus miserables («París despertando en crudo, cruda luz de sol en su calles limón», según Joyce). Y, sin solución de continuidad, la tosquedad de la opulencia: contemplar los rostros abotargados de los ricos, inflados de su nada, ajenos a la cruel inmortalidad que tu ojo, Lisette, les tenía reservada. El aburrimiento, el desdén, «el juez tieso en su corrupción, el general retirado que viene a reventar al sol tras haber hecho perecer ejércitos enteros en el fango, el rentista que digiere la sangre de los dividendos, las putas de lujo doran sus nalgas al sol» (Lise Curel, revista Regards, 1935). Y la mezcla, la extraña mezcolanza de clases, unidas en su desidia y en su hambre, en su humanidad desarbolada (se trata de la serie conocida como Promenade des Anglais, realizada en Niza y que precede a su viaje y a su etapa norteamericana). Sí, es en esa mezcla sin solución de continuidad, la misma que vemos en nuestras calles, la que noquea y lleva al púgil a la lona.

«Fotografía con las tripas», decías, al parecer, a tus alumnos. Y vaya si lo hiciste. A dentelladas secas y calientes… Tus imágenes poseen la precisión del bisturí y la concisión del poeta futurista. Ya sólo por estos retratos tienes  ganado mi respeto. Me levanto de nuevo, no sin esfuerzo, en medio de un ring fantasmal y oscuro, y prosigo el viaje.

Movimiento: Uuuugh. Segundo golpe en el estómago. Esa gente que pasa, desgastando las aceras, deprisa deprisa, sin una meta definida ¿no seremos también nosotros, no, Lisette, mi amor? Fuiste capaz de retratar la ciudad al nivel de la cadera, con tu Rollei Flex y el párpado despierto: la urbe rendida a tus pies; el peatón que pasa; el vértigo de vivir; la fugacidad de las cosas. Ese imaginario colectivo en el que apresurados hombres de negocios trajeados atraviesan fugaces las calles neoyorkinas (serie Reflections and running legs), lo llevamos tatuado en la piel. Esa pierna de mujer detenida en el instante de despegarse hacia no se sabe dónde. Viene a la mente Poe y su frase acerada: «No quiere permanecer nunca solo: es el hombre entre la multitud. Sería inútil seguirle…» Y ahí está: la multitud, las multitudes: en ese desenfoque del vértigo, enesaimposibilidad de distinguir, de individualizar, en esa pérdida de identidad en la que a menudo es gozoso esconderse. Y, de repente, un rostro: «La aparición de estas caras entre la muchedumbre. Pétalos sobre negra, húmeda rama» en palabras, inapelables, del viejo Pound. Un rostro anónimo que se desvanece entre las sombras, acaso un leve rastro de nosotros mismos.

Los reflejos en los escaparates son parte ya del imaginario colectivo, y no es lo que más me interesa de tu obra, ya Eugène Atget lo hizo antes y muchos otros vinieron después, pero he de reconocer que tu mirada siempre es coherente, y la exploración en que el artista se detiene en el cristal antes que en el paisaje que éste trasluce, siempre me ha parecido interesante, ya que revela bien la mente que hay detrás, el ojo que mira y posa interrogantes sobre el mantel: todos a la mesa. La comida de preguntas está servida…

Vida: La madurez que el paso del tiempo suele llevar aparejada y el mayor conocimiento de la cámara hacen que tu fotografía se vuelva aún más directa, y, junto a la crítica social, comienzas a explorar la radiografía clínica, el retrato objetivo y dislocado en su instante decisivo: escenas de bares y cafeterías (serie Reno y Las Vegas), clubs de jazz con micrófonos en el centro del escenario (Sammy's, Nick's) y, como siempre, las clases sociales: los agraciados (Café Metropole) y aquéllos a los que el sueño americano no tuvo a bien incluir entre sus planes (así las series Lower East Side y Pedestrians, 1940 a 1945). En otras series como las de Las Vegas y posteriores, miras ya sin pudor a tus personajes, y ellos te miran a ti: enamorados, putas, gente del cabaret, ricos y hasta muy ricos. Mas nunca llegas a buscar lo deforme o lo extraño, a lo Diane Arbus. No. Los encuadres se vuelven audaces, aparecen manos sin dueño, la gente canta, baila, sonríe, grita, duerme, se despereza: es la vida, que sucede. Y tú estás ahí, para apresarla...

In fine: No sin admiración y un punto de envidia abandono la sala mascando las claves de tu arte: compleja simplificación; encuadre inteligente y a menudo sorprendente e innovador; blancos puros y negros contrastados; y, sobretodo, una mirada lúcida, como la cámara teórica de Roland Barthes, en una desesperada y permanente búsqueda de la originalidad.

El combate ha finalizado. Ya está tu contrincante en la lona. 1, 2, 3,..., 10. K.O: técnico: no hay quien levante a este welter sonado. Enhorabuena, Lisette, cariño, lo lograste: has conseguido entrar en mi superficie...

Pecata minuta: Sólo para exploradores avezados que hayan logrado llegar a estas líneas: la exposición, sobria pero magníficamente montada, se complementa con un soberbio catálogo y un cuaderno ilustrativo más accesible para los bolsillos en crisis. Una presentación perfecta en la web http://www.exposicionesmapfrearte.com/lisettemodel/, permite rebatir y en su caso llevar a la categoría de falacia o de mera conjetura las conclusiones aquí transcritas.

 

© 2009, Alfonso Brezmes

info@elimpostor.com

AnteriorSiguiente

 

© El Impostor, 2010
Inicio   :   Libros   :   Música   :   Cine   :   Contacto