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«Maria Bethânia, tú eres para mí la señora del ingenio», así comienza el vals del compositor pernambucano Capiba, y así Caetano Veloso llamó a su hermana pequeña, cuando joven salió al escenario la primera vez.

Conocida como la abeja reina, si la música fuera un panal, Maria Bethânia sería la madre místico de esa multitud orgánica. Leyenda viva, símbolo espiritual de la izquierda brasileña, Bethânia es una de las más consagradas intérpretes de la música popular en Latinoamerica aunque, a pesar de sus colaboraciones, se la conozca poco fuera de los límites difusos del mundo lusófono.

Música, literatura y arte dramático, los conciertos de ella son una mezcla de versos, a veces cantados y otras recitados. Nacida envuelta en raíces cristianas y candomblé («Lo mío es el sincretismo: soy católica pero también creo en el candomblé.»), Maria Bethânia es una cantante que actúa o una actriz que canta, pero una actuación real, metafísica, casi a modo de orisha de la comunidad. Nada en su voz resulta forzado, sino que mantiene el equilibrio espiritual, la huella intensa y la sensibilidad majestuosa que ha forjado durante más de tres décadas de carrera.

De carácter fuerte, enérgica personalidad y contagiosa sensibilidad, el dramatismo de su voz y la intensidad con que interpreta cada canción proyecta dos facetas en cada nota. Una de ellas es el Brasil visceral, luminoso y recio, donde los cantos de fe, la pujanza y los ritmos se mezclan. La otra es la Bethania intimista, suave y delicada, aquella que pule los matices de su voz desde su juiciosa madurez, modulando los sonidos con mayor refinamiento.

En 1964, con 19 años, debutó en el espectáculo Opinião en Río de Janeiro, sustituyendo a una de las intérpretes. Su actuación causó un impacto mediático en la sociedad carioca, provocando que ese mismo año sacase su primer álbum. Gal Costa, Caetano Veloso, Gilberto Gil, Edu Lobo, Chico Buarque, Jobim, Noel Rosa, Gonzaguinha, Roberto Carlos, Vinicius de Moraes... Más de 30 discos, editados a lo largo de su carrera, en diferentes discográficas por discrepancias con los directivos y que condujo que, en 2003, crease el sello independiente Biscoito Fino e Quitanda. Hasta la fecha, es la cantante femenina que acumula el mayor número de discos vendidos en su país, después de la presentadora infantil Xuxa, y su álbum Álibi fue el primero de la historia discográfica brasileña en sobrepasar un millón de copias vendidas, en 1978.

Maria Bethânia revolucionó los conciertos en Brasil, intercalando canciones y poemas, creando un espectáculo propio que a veces se asemeja a piezas teatrales. Es en el escenario donde Maria Bethania más se transforma y revoluciona. A modo de símbolo que traspasa las fronteras musicales, la abeja reina brasileña va más allá su don musical y extiende su personal influencia en ámbitos políticos y sociales. Su ideología de izquierdas abrazó durante décadas la resistencia popular, en años de dictadura y violencia. Con siete hermanos, hija de un funcionario honrado (especifica), siempre estuvo comprometida con la pobreza y las favelas. Y también en ámbitos sociales. Lesbiana reconocida, ha luchado por el respeto a las minorías y la normalización de las sexualidades.

Su disco más reciente, Tua, editado en 2009, deja entrever a una María Bethânia sosegada, madura y firme, como un árbol madre que siempre sabe dar frutos más inteligentes y ofrecerlos con ternura. Cuenta que les pidió canciones a sus amigos compositores, pero tuvo también la ocurrencia de decir, hablando con la prensa, que quien quisiera podría hacerle llegar sus grabaciones.

A raíz de este llamamiento espontáneo, acumuló más de trescientas y tuvo que esforzarse para seleccionar las veintidós inéditas que debió dividir en dos discos. Tua se aventura como un Amazonas intimista pero sofisticado. La levedad de las notas, la saudade encantadora, el vals melancólico, la seducción persuasiva y los sonidos de piano maridan con armonía junto a la fiesta de la samba, en su sabor baiano. Una festividad popular que eclosiona en la voz de Bethânia, mundo donde reír, llorar, bailar y compartir la simple alegría de estar vivo son los motivos que mejor atemperan la voz grave y dulce de Maria Bethânia.

© 2010, Antonio Alcón


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