Síguenos en

 

Otros de grupos
de este número

Más música
en El Impostor

El Impostor

De acuerdo, esto no es una reseña. No me andaré con tapujos. Si me decidí a escribir lo hice con el único propósito de conseguir que escuches a este señor. Busco que si no conoces a Gabo Ferro sepas y tengas presente que cada segundo cumplido, gastado, sin oír a este gaucho supone una pausa gris, un instante baladí, mísero, en la existencia de cualquier individuo que se estime melómano, porque desconocer a Gabo implica dejar de disfrutar de un cantautor que no es grande, ¡es enorme!, y no porque yo lo diga, lo es porque objetiva y científicamente la calidad de sus temas puede calcularse en proporción directa al número desorbitado de vellos erizados y al vértigo insondable que provocan… y no sigo, por lo pronto, no vayas a pensar que tanta lisonja es fruto de la histeria desbordada de una seguidora tipo «me enorgullezco de poder autodefinir mi Ego desde el “ser fan de”, porque ¡lo quiero, lo amo y lo adoro!». No es el caso, aunque quién sabe, no todos los días se topa una con alguien capaz de zarandear a este espíritu lánguido infecto de tibieza. Quizás debiera hacerme estampar alguna prenda…

Canciones que un hombre no debería cantarManifestadas sin rodeos mi preferencia e intenciones, he de reconocer que oír a Gabo no es aventura fácil: de entrada solo uno de sus cinco discos (post Porco) llegó a editarse en España, Mañana no debe seguir siendo esto, el tercero tras Canciones que un hombre no debería cantar (2005) y Todo lo sólido se desvanece en el aire (2006), y que precedió a Amar, temer, partir (2008) y al último Boca arriba (2009). ¿Qué me dices de semejantes títulos?… (Quién conociera la onomatopeya de este suspiro…). Por otro lado debo advertir que si decides darme un voto de confianza y te animas a ver qué canta este argentino, no nos servirá que consigas un par de temas y los mandes reproducir a modo de hilo musical. Boca arribaEse ejercicio dudo que llegue a satisfacer a alguien. Lo ideal: coger un disco y «pararse a escucharlo» de cabo a rabo. Aunque me conformaría feliz de que pudieses dedicarle cuatro minutos a un tema, a cualquiera de ellos: Voy a montar un caballo, Volver al jardín, Palabras malas, Tapado de piel, Retiro terminal, Costurera y carpintero, Un par de cositas nuestras, Mi vida es un vestido, Soy todo lo que recuerdo, Solo tenemos ciencia, Carne fría… Disculpa la retahíla pero es que son tantos y tan buenos… Escoge uno, hazte con él y busca cuatro minutos. Cuando los tengas acomódate, deshabilita cualquier inhibidor que pueda distraerte, no basta con el silencio, conviene aislarse; apaga la luz, si tienes unos auriculares úsalos; para que esta experiencia sea completa es preciso contar con cada uno de los sentidos.

Una vez esté todo listo, dale al play y escucha. El efecto es inmediato. Camuflados entre ondas sónicas emergen olores a gajos y flores frescas, perfumes del camino y del caballo que te lleva de vuelta a casa; el tacto áspero del pelo de cabra negra con que alguien zurce los miembros de una muñequita vudú; imágenes de animales «como dormidos», de niñas carpinteros y vestidos ajados; pronto te sorprenderán truenos, al poco quizás te veas disfrutando del cobijo de un árbol enorme, y antes de que puedas advertirlo andarás exclamando: «este tío es un poeta». Pero ojo: ni se te ocurra hacerlo en voz alta o foro alguno donde cualquiera de sus seguidores pueda ver lo que opinas. Puesto que, aunque en el fondo compartan tu entusiasmo, quien además de escuchar sus temas suele leer cuanto este señor comenta se habrá topado en alguna ocasión con juicios como el que sigue: «el discurso de la canción es un discurso doble, la letra potencia y dice otra cosa que es esa suma de letra y música. Todo lo poético que puedo ser está dentro de la canción. No puedo escribir más que eso y para mí la poesía es más que eso. Yo llego hasta ahí, y estoy conforme». Palabra de Gabo en Eterna Cadencia. ¿No te parece extraordinario? Y yo sin encontrar la onomatopeya de aquel suspiro.

No insistiré más. Lo que te estoy ofreciendo es que puedas experimentar la sinestesia, que oigas la sed, veas el tiempo y palpes colores, sin que medie enteógeno alguno. Solo canciones. Nada de resacas. ¿Quién da más? No terminas de verlo, crees que exagero. Bien, tú consigue cuatro minutos. Gabo hará el resto.

 

 

© 2010, Gloria Torres


info@elimpostor.com

AnteriorSiguiente

 

 
© El Impostor, 2010
Inicio   :   Libros   :   Música   :   Cine   :   Contacto