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«Un ejemplo de la bipolaridad afectiva propia del género femenino» bien podría decir algún adalid de este cliché nacido de la pereza, «chica de voz y rostro angelicales» para cualquier relamido, «pura alegría» en boca de quien no se parase a escuchar sus letras. En cualquier caso no resulta muy aventurado afirmar que la experiencia de A Fine Frenzy en One Bomb in a birdcage, es cuanto menos interesante.

One cell in the sea, editado en 2007 por Virgin, fue su anterior y primer álbum. Un disco colorista, fresco y prometedor, o al menos eso era lo que parecía querer hacernos creer la imagen de la portada. En su interior: catorce temas tirando a gris en opinión de quien aquí escribe y considera que veinte segundos es tiempo más que suficiente para intuir si una composición tiene algo interesante que ofrecer, temas de inicios flojos cuyos ritmos y melodías manidas, por facilonas y clónicas, confirmaban en el minuto cuatro la languidez que podía prejuzgarse a los diez segundos de haber sido pulsado el play. Sinceramente, no creo que fueran temas malos, a buen seguro Alison Sudol debió ser una fuera de serie en las clases de armonía tonal (de haberlas cursado), sin embargo y quizás por excesivamente correctos carecían de… llamémosle chispa. Con One cell in the sea, sepresentó al mundo una cantautora con habilidades técnicas nada desdeñables, sensibilidad armónica y cierto ángel. Una pena tanta ñoñería.

A fine frenzyDos años más tarde, en septiembre de 2009, se lanza One Bomb in a birdcage. La imagen en blanco y negro de un gesto de Alison impropio a priori en la chica de One cell in the sea prometía un cambio y no defraudó. En el policarbonato de plástico quedó registrado, esta vez sí, un disco heterogéneo, desinhibido, sugestivo; un disco en el que cada tema tiene entidad propia, haciéndose inconfundible. Temas de color y texturas diversas, de melodías pegadizas, simpáticas; doce temas licenciosos con los que A Fine Frenzy completó un CD que de principio a fin, con cada pista, sorprende. Sin embargo no parece haber grandes pretensiones en One Bomb in a birdcage, lejos quedaron ya los solos de piano y las cadencias más «clasiconas», lo que este disco ofrece no es más que genuino y «humilde» Pop. Si algunos de sus seguidores leyeran esto probablemente se llevarían las manos a la cabeza gritando «¡Pop-rock Indie, subnormal!».  Lamentablemente no veo muy Janis Joplin a nuestra querida Alison, y por muy atractivo que resulte su nuevo trabajo el hecho de publicar en un sello propiedad del gigante EMI, por más que ofenda al personal, la deja fuera de la esfera independiente. Me pregunto por qué seguiremos empeñándonos en calificar, o en dejar que califiquen, como «indie» aquello que consideramos extraordinario y en consecuencia subrayable entre toneladas de paja. ¿Será flojera? Alternativo o no One Bomb in a birdcage algo tiene. Algo con lo que cada tema se gana sus tres minutos largos de atención, algo que hace a este disco incombustible, un algo que incita al replay. ¿Cierto rollo bipolar, una voz magnética, lo pegadizo de sus percusiones, el atractivo de sus letras…? Quizás no haya más explicación que la del trabajo bien hecho, la voluntad y el talento de una chica para analizar, evaluar y reconstruirse a sí misma, «un ejemplo de capacidad de autocrítica y renovación, recursos propios en las mujeres del s.XXI que compiten y se esfuerzan por erigir su lugar en el mundo» que diría cualquier otro personajillo adicto a los clichés.

 

© 2010, Gloria Torres


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