Síguenos en



Otras películas
en este número
Más películas
en El Impostor
|
| |

de Thomas Vinterberg
«Cosa buena es arrepentirse, pero mejor cosa aún no exponerse a ello», reza un proverbio danés. Seguramente esto fue lo que pensó Lars von Trier al ver la primera película de su colega de dogma, Thomas Vinterberg. No querría que el lector, ávido de curiosidad, malinterpretara mis palabras. Von Trier nunca pensó que Festen, que en España se tituló Celebración, tuviera que ser disculpada —al fin y al cabo seguía el voto de castidad marcado— pero el film resultó ser el arrepentimiento en sí mismo. Con Festen por bandera, Vinterberg y Von Trier entre otros, abrieron la veda a un movimiento que, entre críticas y elogios, se ha convertido en uno de los más influyentes del panorama audiovisual en estas dos últimas décadas. Dogma 95 nace en 1995 como un movimiento cinematográfico creado mayoritariamente por directores daneses, aunque el certificado oficial fue extendiéndose, por ejemplo en España, con Días de boda, de Juan Pinzás.
El cine producido en los noventa, lleno de efectos especiales que a día de hoy a muchos de nosotros nos podrían parecer nimios, les lleva a Von Traer y a Vinterberg plantearse nuevas perspectivas sobre el relato cinematográfico. Cansados del estilo y la forma que adoptan algunos films; y no me refiero únicamente a los comerciales llegados del otro lado del Atlántico, sino también al llamado cine de autor, deciden crear el manifiesto Dogma o Voto de Castidad. En un afán por salvar la estilística cinematográfica más primitiva, unos convencidos Von Trier y Vinterberg firman y juran su fidelidad al movimiento.
Para que una película se considere Dogma debe cumplir con todas las reglas establecidas, entre ellas la imposibilidad de utilizar trucajes y filtros, o la invalidez, no solo de decorados y música extradiegética, sino también de cualquier tipo de trípode y foco. La temática de género o de carácter superficial como la muerte y los asesinatos también quedan prohibidos.

Rodada en vídeo, aunque el voto de castidad permite exclusivamente grabar en 35 mm, Festen es, únicamente, la punta del iceberg, pues la siguieron otras como Idioterne de Von Traer, Mifune de Soren Kragh-Jacobsen, o Italiano para principiantes de Lone Scherfi; películas que ayudaron a que el movimiento Dogma se convirtiera en todo un referente para el cine internacional. Llena de contradicciones, Festen se yergue como un film sorprendente y personal, de una crueldad escondida e íntima, que solo es posible recibir en pequeños tragos, porque bebérsela de golpe sería demasiado. Ubicados en la burguesía danesa, la hipocresía y el cinismo hacen mella en una familia que se reúne para celebrar el sexagésimo cumpleaños del patriarca, brillantemente interpretado por Henning Moritzen. Entre colegas de hermandad y canciones racistas, el pequeño y frágil mundo de la familia Klingenfeldt y sus allegados se romperá como el cristal cuando reciban una acusación que nadie espera y que alguien lleva mucho tiempo esperando hacer.
Con un esquema bien definido, y a la vez completamente atípica, Festen deja al espectador con el corazón roto pero la cabeza bien despierta, pues la brutalidad y la naturalidad con la que está rodada nos muestran la ironía que gira alrededor de la película y que percibimos ya en el título de la misma. Una humilde servidora la recomienda fervientemente, pues con cada nuevo visionado se descubren detalles, puntos de vista y nuevos horizontes que han quedado atrapados en esta tela de araña que, un bello día para el cine contemporáneo, unos directores daneses con coraje decidieron tejer. Un último apunte. No duden en verla en versión original subtitulada, no hay nada como el idioma danés a gritos para sobrecoger y emocionar a los espectadores más exigentes.
© 2010, Beatriz Peñas
info@elimpostor.com
 
|
|