Síguenos en

 

Otros libros
en este número

Más libros
en El Impostor

El Impostor

Confesiones de una vieja dama indigna

 

Netherland

 

ISBN: 978-84-02-421067; 382 páginas

PVP: 19,50 €; Bruguera, 2009

Lee aquí las primeras páginas del libro

 

 

 

 

 


«Las viejas damas indignas somos descaradas pero humildes», dice Esther Tusquets en esta tercera parte de sus memorias, la más suculenta, sin lugar a dudas. Y sí es cierto que el libro está escrito con una descarada humildad que consigue que uno caiga rendido a los pies de esta mujer que, permítanme que lo diga, es una de mis debilidades. Segura estoy, sin embargo, de que esta declaración «amorosa» no satisfaría en absoluto a la Tusquets.

Retoma la narración de sus memorias, esas que siempre dijo que nunca escribiría, donde las dejó en Habíamos ganado la guerra. La Barcelona burguesa de esa niña de derechas sigue oliendo a rancio, pero también se atisba cierto resquicio por el que en cualquier momento puede empezar a entrar el aire fresco. La biografía que narra Esther Tusquets en este libro no es sólo la suya, sino la de una ciudad y una sociedad que cambiaron al mismo ritmo que ella.

La autora está, en este libro de vuelta de todo, y olvídense en este caso de las connotaciones negativas de la expresión. Esta mujer, madre, esposa, amante, amiga, hija, editora y escritora habla de todos los que han formado parte de su vida y lo hace desde el punto de vista de quien no tiene nada que perder, de quien ya ha superado la fase de «quedar bien» y de quien no tiene rencor. Seguro que más de un ego no ha acabado de encajar bien alguno de sus comentarios, pero yo recordaría que, si realmente hace un juicio a alguien, es a sí misma. Y en 73 años de vida, que son los que tiene, hay muchos daños colaterales, muchas historias que contar para que la de uno sea comprensible. Y todo ello lo hace con delicadeza y, sobre todo, con un sutil sentido del humor.

Es capaz de hablar del hombre que más ha amado, del padre de sus hijos, con una sinceridad brutal, casi dolorosa en algún momento, es capaz de contar cómo los celos y la insatisfacción (de él) acabaron por destrozarla psicológicamente, cómo llegó a ser una mujer sometida y, todo ello sin atacarle, con un cariño infinito y con una elgancia de la que deberían aprender muchas de las que se pasean hoy día por los platós contando con quien se meten en la cama. Habla sin tapujos de su amor por otras mujeres, de sus amantes, de su papel de esposa infiel, del de «la otra»… En sus contradicciones entre el sexo y el amor están algunos de los pasajes más bellos del libro.

La amistad tiene un papel protagonista en Confesiones de una vieja dama indigna. No sólo por el valor que la autora le da (que es enorme), sino porque por el libro desfila toda esa gauche divine del Boccaccio (confiesen: ¿quién no habría pagado por ver a Beatriz de Moura encaramada a un podio bailando en el mítico local barcelonés?): desde Carlos Barral, el Magnífico, hasta Gil de Biedma, Miguel Delibes, Cela, Ana María Matute, Ana María Moix (dos de sus grandes amigas a lo largo de los años), o Pere Gimferrer (Pedro, para ella). Escritores, editores, directores de cine, guionistas…no falta nadie en esta fiesta cuya protagonista absoluta es la historia cultural de la España antifranquista. Este libro, y discúlpenme la aberrante comparación, es el Hola de la edición española. Porque sí, doña Esther Tusquets (para mí ya se ha ganado el título de doña, que no sé si es el que corresponde a una vieja dama indigna), es una debilidad, pero ya que la cosa va de confesiones les diré que yo el libro lo compré para cotillear, para ver quién salía, qué se decía, a quién se atacaba…Se lo garantizo, están todos los que son.

Y un último apunte sobre su papel como editora. A su gestión al frente de Lumen poco hay que añadir. Su catálogo habla por sí solo. Sí me gustaría destacar la desmitificación con la que habla de la edición (en el Festival Eñe de Madrid del pasado mes de noviembre, impagable su actuación junto a su inseparable Ana María Moix, recomendaba a una joven, tras pedirle ésta consejo sobre cómo entrar en el mundo de la edición, que se dedicara a otra cosa. Lo decía en serio.). Sorprende ahora que proliferan los másters de edición (fui alumna de uno, que nadie se sienta ofendido), las nuevas editoriales, las pugnas casi sangrientas por conseguir los derechos del último best-seller, más reseñas que nadie, más libros en las mesas de novedades… que alguien se crea tan poco importante, se tome a sí mismo tan poco en serio. Una delicia.

Y aunque todavía me quedan unos años, bastantes incluso, espero entrar algún día a formar parte de ese selecto club de damas indignas. De momento, tomo nota de su consejo: «la dificultad y el mérito están en alcanzar la irrespetuosidad ―cierto grado de indignidad incluso— sin dejar de ser en ningún momento, de la cabeza a los pies, una auténtica dama». Así sea.

Esther Tusquets

 

 

© 2010, Judith Pérez Mayo

info@elimpostor.com

AnteriorSiguiente

 

© El Impostor, 2010
Inicio   :   Libros   :   Música   :   Cine   :   Contacto