
El cielo sobre Berlín
El placer de observar, la necesidad de vivir
Se vuelve a reeditar El cielo sobre Berlín, el clásico moderno del excelente director y fotógrafo alemán Wim Wenders, un vuelo que comienza a vista de pájaro y que poco a poco va bajando a ras de suelo, hasta tocar la mente y el alma de unos berlineses aún separados por el muro.
Los pensamientos fugaces, ordinarios, absurdos, inquietantes, torturados, del que el ángel Damiel, interpretado por el siempre perfecto Bruno Ganz, nos hace testigos, nos convierten en observadores como él, paladeando el placer de observar. Pero el amor y el ansia por sentir son capaces de instalarse en cualquier sitio, y crear la necesitad imperiosa de actuar. Una de las escenas escritas por Peter Handke, que forman piezas centrales por las que sobrevuela la película, lo narras así “Es fantástico vivir como un alma y ver día a día la eternidad de las personas, siendo testigo de lo que sienten, pero a veces la existencia es poco para mí. Quisiera dejar de vagar suspendido por el aire, sentir mi propio peso, poner límite a mi infinidad y atarme a la tierra…”
El cielo sobre Berlín es una película urbana, los constantes paseos de Peter Falk, que se interpreta a sí mismo pululando por el rodaje y alrededores de una película de detectives, nazis y judíos, nos deja imágenes impactantes, pero también sirve de hilo conductor e introduce nuevos elementos que hacen que la existencia angelical de Bruno Ganz siga avanzando, lentamente, hasta el circo, el color, la vida, siempre pensando “cuando el niño era niño…” poema de Peter Handke, muy presente durante toda la película, que representa lo inmediato, lo sensorial.
El cielo sobre Berlín abandona el blanco y negro y tiene de repente el colorido de los ochenta, la energía de un joven Nick Cave, la desamparada mirada de Otto Sander en oposición a la expresión de curiosidad y descubrimiento de Bruno Ganz, que en realidad bien podría ser la mirada de Wim Wenders, que regresaba a Berlín después de vivir 8 años en Estados Unidos y rodar 4 películas en inglés, y llegaba a su ciudad natal sin guión pero con la convencido de rodar una historia sobre Berlín de forma espontánea.
Paseando por la ciudad, que él mismo consideraba una isla, una tierra extraña que no formaba parte de Alemania, observó la enorme cantidad de figuras de ángeles que hay en Berlín, eso y sus lecturas diarias de Rilke, le dieron el argumento de la película así salvó a su productora, Road Movies Filmproduktion, que llevaba 2 años intentando rodar, sin éxito, Hasta el fin del mundo, que finalmente harían 4 años más tarde que El cielo sobre Berlín.
La primera vez que vi El cielo sobre Berlín tenía apenas 11 años, no sé cómo ni por qué, pero recuerdo que estaba solo, y que produjo un gran impacto reflexivo en mi, en mi forma de observar la ciudad, las personas y sus pensamientos. Lo mismo me ocurrió cuando años más tarde, e igualmente solo, vi la segunda parte, Tan lejos, tan cerca, en mi adolescencia. Recuerdo que la pusieron en televisión, de madrugada, y no pude dormir. Ese Wim Wenders lo había vuelto a hacer.
Celebramos la edición que hizo Filmax en el año 2000, supervisada por Wim Wenders. Se ofreció una versión remasterizada de varios títulos de su filmografía como París, Texas o El amigo americano, y ahora le damos la bienvenida a esta nueva edición de Criterion que viene a mejorar la calidad de la copia.
Para los que quieran una versión light del argumento, aunque conservando cierta poesía visual, pueden ver el remake, City of angels, protagonizada por Nicholas Cage y Meg Ryan.
© 2009, Aitor Aguirre
© Fotografía de Wim Wenders, por Aitor Aguirre
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