
Aquí
Traducción de Gerardo Beltrán y Abel A. Murcia Soriano
ISBN: 9788492799060; 72 páginas; PVP: 15 €
Bartleby editores, Madrid, 2009
«Ser artista significa ver, oír y sentir lo mismo que todos los demás ven, oyen y sienten sin ser conscientes de ello. Aparte de eso: asombrarse ante lo poco obvio que es lo obvio. Finalmente: de algún modo, extraer todo de uno mismo. El artificio es un recurso efectista, pero no es arte». Así describía el escritor checo Jan Hanč la esencia del artista en su diario, titulado Acontecimientos. Dudo mucho que, en aquellos años de muros, telones de acero y samizdat, ni Hanč ni Szymborska llegaran a tener conocimiento de sus respectivas obras. Sin embargo, El Impostor, mistificador literario donde los haya, puede imaginar el espíritu del poeta checo atravesando de algún modo la frontera noreste hasta Cracovia para susurrar este motto al oído de la que sería Premio Nobel de Literatura en 1996.
En efecto, pocas frases podrían definir con mayor precisión el ars poetica de Wisława Szymborska (pronúnciese «Viswava Shimborska»*; Bnin, Polonia, 1923): una mirada extrañada e irónica que no excluye el pensamiento filosófico; una sencillez lingüística sólo aparente; una musicalidad que rehúye el artificio para concentrarse en un ritmo interno quizás no espectacular pero igualmente poderoso; y, ante todo, autenticidad. Los conocedores de la obra de esta poeta del país en que «los clásicos esculpen con carámbanos de tinta sobre montones de nieve pisoteada» volverán a encontrar esta autenticidad concentrada en su nuevo poemario, Aquí (2009). Y para los que no la conocen, se trata de una excelente colección de píldoras para iniciarse en ella. Si hay algo que reprocharle, sería, en todo caso, su brevedad: hablando de píldoras, creo que los adictos a los versos de Szymborska (esos «algunos» a los que nos gusta la poesía, como la vieja bufanda, salirse con la suya o acariciar a un perro) coincidimos en habernos quedado con ganas de más.
Pero volvamos al título del poemario, magníficamente abordado, por cierto, por los que vienen siendo desde hace años sus traductores de cabecera, Gerardo Beltrán y Abel Murcia, en esta edición bilingüe (bravo, Bartleby). Tutaj, ‘aquí’. Título perfecto para una poeta con los pies tan en la tierra como Wisława Szymborska y que sin embargo, como defendía Jan Hanč, no deja de sorprenderse ante lo poco obvio que es lo obvio y lo cotidiano. Así lo explicaba en su discurso al recibir el Premio Nobel: «Los poetas, si son genuinos, no deben dejar de repetirse "no lo sé". Cada poema constituye un esfuerzo por responder a esta frase (...). Por supuesto, en el lenguaje diario, en el que no nos detenemos a considerar cada palabra, todos usamos frases como "el mundo normal", "la vida cotidiana", "el desarrollo habitual de los acontecimientos"... Pero en el lenguaje poético, en el que se sopesa cada palabra, nada es habitual o normal. Ni una sola piedra, ni una sola nube sobre ella. Ni un solo día, ni una sola noche tras él. Y, ante todo, ni una sola existencia, la existencia de nadie en este mundo». Y eso es lo que hace de nuevo la escritora polaca en este libro: a pesar de su avanzada edad, sigue siendo el niño que señala al emperador, completamente desnudo, mientras éste se ufana de su traje nuevo; sigue intentando dar respuesta a ese «no lo sé»; sigue buscando lo trascendente en lo concreto.
Esos intentos de respuesta que constituyen cada uno de sus poemas atañen a la propia existencia, desde el inicial, que da título a la colección (Aquí), hasta Metafísica (que, muy significativamente, lo cierra); pero también a las paradojas de la «vida cotidiana» (Pensamientos que me asaltan en calles transitadas, Divorcio), a la inspiración y al propio proceso de creación poética (Idea), a la música (Ella Fitzgerald en el cielo) y al arte (Vermeer). Por supuesto, perfectamente situada en el aquí y el ahora, aparecen en Aquí temas relacionados con el paso del tiempo (Mi difícil vida con la memoria) y con acontecimientos históricos actuales cuya «normalidad» es más que cuestionable (Terroristas, Identificación). Aun así, si hemos de escoger tan sólo un poema (difícil tarea), los impostores letraheridos nos quedamos con No lectura. Ciertamente, en estos tiempos «vivimos más / pero menos precisos / y con frases más cortas». Suerte que quedan poetas como Wisława Szymborska para recordarnos que quizás no debiera ser así.
* Desde estas líneas El Impostor pide disculpas a todos los afanados profesores que se esforzaron por inculcarle nociones de Lingüística, Fonética, etc. en sus mal aprovechados años de impostura universitaria. Reconozcámoslo, la transcripción no es ortodoxa, pero funciona...
© 2009, Patricia Gonzalo de Jesús
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