Elfriede Jelinek

Traducción de Susana Cañuelo y Jordi Janéo
ISBN: 978-84-7669-684-2;
194 páginas; PVP: 17,80 €
El Aleph, 2004
“...wenn einer ein schicksal hat, dann ist es ein mann. wenn einer ein schicksal bekommt, dann ist es eine frau. [...si alguien tiene un destino, se trata de un hombre. si alguien consigue un destino, se trata de una mujer.]”
Pónganse en situación. Estaba en la facultad y no dejaban de taladrarme la cabeza con autores clásicos, obras bellísimas de estructuras complejas y un lenguaje exquisito, pero también terriblemente tediosas en algunas ocasiones. “¿No habrá temáticas más actuales?”, me preguntaba yo, y perdía la cabeza por cualquier cosa que sonara a transgresión, a mala leche, o a tenerlos más grandes que la catedral de Sevilla (y perdónenme la expresión). Así que, cuando de pronto apareció una autora capaz de inspirar un eslogan político como “¿Jelinek o cultura?”, o que era censurada (en los tiempos tan avanzados que corrían), solo pude responder de una forma, y fue dejando que transitara mis horas de lectura, aunque doliera. Porque ese fue el efecto que ejerció sobre mí tras llevar tanto tiempo aletargada bajo las hojas de libros perfectos y serenos.
Fue un schock, sí. Un schock en alemán, que por otra parte (y en mi humilde opinión) debería ser el estado natural de esta autora para apreciar todos los matices de su lenguaje.
Elfriede Jelinek es toda ambivalencia, ironía y homofonía. Es feminista, de izquierdas. Es una activista de las letras. Y como tal cuenta con detractores, sobre todo en Austria, país en el que vive y al que critica duramente por no deshacerse de los restos del nacionalismo (FPÖ). Incluso se desvinculó del Gobierno de su país cuando recibió el Premio Nobel en 2004 (tanto fue así que no acudió ni a recogerlo).

Como ven no es una mujer a la que le gusten las medias tintas. Y tampoco lo es la novela de la que he decidido hablarles: Die Liebhaberinnen, de Rowohlt Taschenbuch Verlag (o si lo prefieren, la edición en español de El Aleph Editores, Las amantes).
En esta novela la forma y el contenido se abrazan de forma tan estrecha que deberán esforzarse para extraer de ellos la historia que Elfriede Jelinek expone de forma ruda y aparentemente fría.
No hay distinción entre mayúsculas o minúsculas. Las frases son abruptas, agresivas, demasiado cortas o demasiado largas. Es una lectura que requiere concentración y, sobre todo, cierta docilidad por su parte, ya que tendrán que dejarse arrastar y golpear al igual que las dos protagonistas de la novela, Brigitte y Paula (¿o tal vez deberíamos decir b. y p.?).
Ellas serán las encargadas de hacerles reflexionar sobre los ideales feministas y las altas dosis de misantropía que encontrarán en esta novela. En Las amantes los hombres son de la peor clase, pero les aseguro que a las mujeres Elfriede Jelinek no las ha dejado en una situación cómoda.
“...a pesar de que brigitte odia a heinz, ella quiere conseguir que él le pertenezca completamente a ella y a ninguna otra. […] por el momento, sin embargo, brigitte debe esconder con cuidado su odio, porque ella no es nadie, concretamente una costurera de sujetadores, y quiere llegar a ser alguien, concretamente la mujer de heinz.”
No sé cómo les irá a ustedes en particular pero, en mi caso, al terminar la novela, me encontré a mí misma sorprendida y asustada, al darme cuenta de que esta historia en espiral sigue siendo actualidad.
© 2011, Verónica Carracedo